lunes, 21 de mayo de 2012

PSICOLOGÍA: "¿Qué hacer cuando baja nuestro ánimo en invierno?". Emol, 30 de abril de 2012.

Comienza el invierno, los días se hacen más cortos, baja la temperatura y muchas personas se sienten más decaídas, con ganas de dormir y comer en mayor cantidad ¿Qué hacer con estos síntomas?
En un artículo anterior de mi colega Paulina Sallés llamado: Trastorno afectivo estacional, se describe esta depresión que podría afectar a personas con la llegada del invierno,  las variaciones de la luz y temperatura que ocurren durante esta época del año pueden afectar al ánimo de las personas y su normal funcionamiento diario. El correlato biológico de este trastorno se origina a partir de la falta de exposición a la luz, que forma una sucesión de respuestas a nivel endocrino, inmunológico, alterando el reloj biológico interno.

Sin embargo, a mi juicio pondrían haber otras explicaciones a algunos de estos síntomas, como por ejemplo una necesidad de tener un letargo invernal (fenómeno parecido a la hibernación) de ciertas personas en invierno. Al igual que los animales,  algunas personas pueden sentir la necesidad de reducir su actividad en invierno para poder restablecerse, para esto necesitan acumular depósitos grasos en su cuerpo, lo que explicaría la necesidad de comer carbohidratos, por otro lado, el  retraimiento social y la hipersomnia  manifestarían la necesidad de reducir el gasto energético en pos de una reparación interna.

Tomarnos este periodo de forma positiva y tranquila es uno de los caminos para enfrentarlo mejor.

Este letargo invernal puede tener que ver con restablecer energías no solo físicas sino también psíquicas en la persona. Hacer una hibernación real es imposible para los seres humanos ya que no tenemos la capacidad de reducir nuestro metabolismo y temperatura corporal como los animales que si lo hacen, sin embargo si podemos pasar por épocas en las que necesitamos de mayor autocuidado y tranquilidad para reponernos del estrés de la vida cotidiana y los desafíos que implican los meses más calurosos.

La baja de ánimo explicaría entonces un cansancio emocional y mental en el que se encuentra la persona, por estar ocupando sus recursos energéticos de manera inadecuada, por eso les recomiendo:

Proporcionarse momentos de descanso durante el día, si es posible tomar siesta a media mañana y  acostarse temprano para lograr que el cuerpo pueda reponerse a través del sueño.

Evitar someterse a stress o demasiadas exigencias: Las preocupaciones diarias significan un importante gasto de energía emocional y mental, reducir nuestros compromisos y tareas ayudan a tener mayor energía disponible para nosotros mismos.

Alimentarse sanamente, erradicar comer alimentos artificiales o el uso de sustancias tóxicas. Recordemos que nuestro cuerpo  y mente funcionan en sintonía y sincronía, gran parte de la energía que invierte nuestro organismo  diariamente es en digerir, si nos alimentamos en base a frutas, verduras y fibras propiciamos tener una mayor energía disponible para nosotros y nuestros procesos internos.

Lo último y más importante que recomiendo es tener una actitud positiva sobre este período y entenderlo como un momento de descanso y restauración. La sociedad actual le da escasa cabida a los momentos de recogimiento ya que el valor está puesto principalmente en el “hacer”, olvidando que las acciones deben ser ejecutadas por personas con  la complejidad y variación propia de los seres humanos. Escucharse, permitir y darle curso a los procesos que viven nuestro cuerpo y mente es aprender a vivir de manera más armónica y en conexión con nuestra verdadera naturaleza.

jueves, 3 de mayo de 2012

LECTURA: "Lectura gratuita", por Mentessana. El Mercurio, 3 de mayo de 2012.


A eso de las 7:30 de la mañana las personas suelen ir de prisa y, por lo general, atrasadas a sus quehaceres. Sugerentes escenas se ven a esa hora. En Providencia con Av. Salvador, por ejemplo, los vendedores callejeros empiezan a instalar sus mercaderías sobre el frío cemento; los dos lustradores de zapatos ya están instalados y empiezan a recibir a los primeros clientes; una señora ofrece, ilusionada, sándwiches a bajo precio; el ciego que vende pañuelos desechables a la entrada de la estación del Metro también trabaja con la esperanza de que sea un buen día... En fin, hay una muestra amplia de trabajos variados. En medio de todo, me sorprende ver, a pocos pasos del hombre de los pañuelos, una larga fila de personas. Al principio pienso que esperan un bus del Transantiago, pero me equivoco. Aguardan, con paciencia oriental, un diario que se reparte gratuitamente. Es un cuadro que, en medio de la temprana oscuridad, ofrece algunas dudas razonables. ¿Es tanto el amor por la lectura en este país? ¿Les gusta a los chilenos estar bien informados? ¿O es porque, lisa y llanamente, el diario es gratuito? Como sea, alegra saber que, ante la amenaza electrónica, hoy aún se lee.

¿Importa qué? Universitarios le preguntaron cierta vez a Giovanni Papini por qué debían leer a los clásicos. Les dijo: "He aprendido que en la vida siempre va a ser mucho mejor haber leído a los clásicos que no haberlos leído".

CULTURA: "Parábola sobre los pollos". Carta a "El Mercurio", por Pbro. Horacio Larraín Aspillaga.


Esta mañana fría de sábado estaba preparando una antigua estufa de parafina para hacer frente a los amaneceres ya más frescos, más invernales de estos días de fines de abril aquí donde resido, una pequeña parcela del secano costero en el área metropolitana, a unos 10 kilómetros al sur de la comuna de San Pedro de Melipilla. De pronto oí uno de los "timbres", era mi perro "Kayser" que cuida el frente de la entrada de mi casa, me avisaba que venía alguien. Se trataba de un vecino y amigo, me traía de regalo dos pollos blancos vivos. Estaban en el pick up de la camioneta. Son pollos de criadero, muy blancos y muy parecidos entre sí. Al verlos me di cuenta de que ni siquiera venían amarrados, hice la observación, y mi amigo me dijo: "si no se mueven". Al entregármelos inmediatamente advertí lo pesados que son. Al tomarlos y afirmarlos sobre mi pecho piaban como un pollito pequeño, eran sin embargo grandes, muy gordos, con poco plumaje, observé sus pies, estaban intactos como si nunca hubieran tocado el suelo.
Estoy viviendo hace más de un año en este lugar muy hermoso llamado Cabimbao, que los lugareños dicen que significa "tierra de espinos" en mapudungún. Desde mi residencia, una vivienda que era de un antiguo campesino del lugar, salgo en ayuda de dos hermanos míos. Soy sacerdote y procuro aliviar en algo el pesado y heroico trabajo de mis vecinos párrocos. Mi situación de vida me ha llevado a procurar ser autovalente, es por ello que tengo un pequeño gallinero (que me provee de huevos), dos perros guardianes (uno en el patio anterior, "Kayser", y el otro en el patio posterior, "Kovacs", porque lo recogí en calle Seminario cerca de la automotriz con dicho nombre). Ambos canes son mis alarmas, no tengo luces sensibles, ni rejas. Además son parte de la parcela una yegua, "Dionisia", y una gata, "Rita", la cual aleja a los roedores y cuida de las gallinas cuando se sueltan.
En el anterior contexto recibo de regalo estos dos pollos de criadero. Luego les pondré nombre, tendré que ver cómo diferenciarlos, porque en realidad son idénticos. He escuchado que tendrán unos 40 días de edad, estaban listos para el matadero. Los pobres apenas se sostienen sobre sus patas, están como atrofiados, al echarlos al gallinero inmediatamente buscaron el sol del corral adjunto. Una de mis gallinas que cría una pollita es la que más ha atacado a estas visitas. Dicha pollita nació en enero es esbelta, ágil, rápida, tiene tres meses cumplidos nunca le ha faltado el alimento y los minerales y vegetales que ella misma se procura en la pradera, debe pesar un tercio o un cuarto, y mide la mitad con respecto a los pollos allegados. Una o dos veces he tenido que alejar a mis tres gallinas y al gallo de los pollos, tienden a atacarlos, empezando por comerles las plumas. Los pobres pollos no se pueden defender, apenas se mantienen en pie. Su peso les permite desplazarse con dificultad un par de metros y caen quedando echados e indefensos. Cuando me acerco al gallinero los blancos pollos se me acercan, como buscando mi protección, por el cobijo que les he brindado.
Observando a estos blancos pollos, tan gordos, tan inmóviles, tan idénticos... no he podido dejar de sentir que nosotros, los seres humanos de este vertiginoso siglo XXI, tenemos algunas características análogas a estas pobres aves. Se ve en nuestros rostros que poco disfrutamos del sol, cada vez vamos tomando características más urbanas que rurales. Incluso los habitantes del campo tienden a refugiarse en sus casas, con el televisor o con el computador. Poco nos desplazamos por nuestros propios pies, con la mayor frecuencia usamos el vehículo para movernos de un lugar a otro. ¿Acabaremos echados sobre nuestros escritorios sin poder movernos mucho, incapaces de alimentarnos de los frutos de la naturaleza? ¿Seremos víctimas del sedentarismo y nos convertiremos en victimarios de la naturaleza y de sus criaturas, denostándolas hasta una obvia desnaturalización? Somos nosotros los que hemos llegado a "producir" estos pobres pollos blancos, ese es nuestro producto: rápido, eficiente, competitivo. Sin embargo, no siempre advertimos que nosotros mismos nos vamos convirtiendo en infelices, como estos desgraciados "blancos pollos".

LECTURA: "Bonsái", por Alejandro Zambra.

Debo confesar que me cuesta concentrarme en este tipo de lectura. A primera vista, no hablan de nada importante, todo parece trivial. Como si lo que buscaran retratar fuera precisamente esa trivialidad de la vida humana. Es la historia de Julio, estudiante de literatura, y de su relación amorosa con Emilia, también estudiante de letras. La relación amorosa se centra, como es habitual en los chilenos, en la relación sexual. Es el ingrediente que atrae y cautiva fácilmente al lector. No existen diálogos profundos, donde se digan cosas importantes. Pero sí resulta original o sugerente esta relación, por tener como principal ingrediente afrodisíaco la lectura misma. Eso le da un contenido supuesto, prestado por los libros que ellos, antes de hacer el amor, leen. 
También es un libro que contiene al menos cuatro planos paralelos: la historia amorosa de Julio y Emilia, el cuento fantástico de un tal Macedonio Fernández (que se convierte en el augurio del término de una relación y adelanta la figura central que finalmente juega el bonsái), la historia amorosa de una novela de un tal Gazmuri (que vaticina la muerte ya anunciada desde un principio de Emilia), y la novela "Bonsái", que el propio Julio escribe, para regalársela a su amiga lesbiana María. También existe en este libro un juego de espejos entre relaciones heterosexuales y fantasías lésbicas: Julio se relaciona con Emilia, quien a la vez fantaséa con su amiga Anita; y más tarde con María, quien se comporta con él como una mujer heterosexual, luego de haber sido una lesbiana declarada.
Me pregunto si la ambigüedad y las relaciones imaginarias que ésta despierta, tendrá realmente el mérito que tantos celebran. 
La idea de "bonsái", por lo que leí en una crítica, se refiere a lo truncada de la relación entre los protagonistas, y a lo truncada de la vida personal de ambos. La de Emilia, finalizada con el suicidio. La de Julio, con el temor de una muerte inminente.

viernes, 23 de marzo de 2012

RELIGIÓN: Libro de la Sabiduría, 2,1a.12-22.

Ellos se dicen entre sí, razonando equivocadamente: "Breve y triste es nuestra vida, no hay remedio cuando el hombre llega a su fin ni se sabe de nadie que haya vuelto del Abismo.
Tendamos trampas al justo, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida.
El se gloría de poseer el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor.
Es un vivo reproche contra nuestra manera de pensar y su sola presencia nos resulta insoportable,
porque lleva una vida distinta de los demás y va por caminos muy diferentes.
Nos considera como algo viciado y se aparta de nuestros caminos como de las inmundicias. El proclama dichosa la suerte final de los justos y se jacta de tener por padre a Dios.
Veamos si sus palabras son verdaderas y comprobemos lo que le pasará al final.
Porque si el justo es hijo de Dios, él lo protegerá y lo librará de las manos de sus enemigos.
Pongámoslo a prueba con ultrajes y tormentos, para conocer su temple y probar su paciencia.
Condenémoslo a una muerte infame, ya que él asegura que Dios lo visitará".
Así razonan ellos, pero se equivocan, porque su malicia los ha enceguecido.
No conocen los secretos de Dios, no esperan retribución por la santidad, ni valoran la recompensa de las almas puras.

viernes, 16 de marzo de 2012

CULTURA: "Los gigantes egoístas", por Cristián Warnken. El Mercurio, 16 de marzo de 2012.

La aberración del mall de Castro, la desmesura de la torre del mall Costanera Center, el mall Barón en el borde costero de Valparaíso, la presuntuosa y disruptiva casa central de una universidad privada frente a la tradicional y arquitectónicamente noble Facultad de Derecho de la U. de Chile, son sólo expresión más visible de un deterioro profundo y talvez menos evidente, pero más medular que una pura "antología nacional de la infamia urbanística".
¿Por qué lo que atenta contra el espacio público y el bien común, lo que puede deteriorar la calidad de vida de los otros logra imponerse con tanta facilidad e impunidad? ¿Y qué es lo público sino lo común, el espacio donde somos con otros?
Hoy nadie se hace responsable de nada. Somos como los mezquinos y patéticos habitantes de los pequeños planetas de "El Principito", concentrados en barrer y limpiar su metro cuadrado.
El empresario que "sueña" una torre o un mall de manera narcisista y egoísta, el arquitecto que proyecta la obra sabiendo en el fondo de su alma que se trata de un horror, los alcaldes que hacen vista gorda de los efectos de estas "intervenciones", el funcionario que firma el permiso de construcción respectivo, el ministro que reacciona tarde, el parlamentario que no fiscaliza a tiempo, cada uno de ellos, en su esfera de acción propia, es responsable de sus actos y omisiones. No es cierto que porque la legislación lo permita, yo pueda desde destruir un entorno patrimonial hasta producir un colapso vial que arruinará la calidad de vida de miles de mis compatriotas, y sentir que lo que hago no es éticamente reprobable porque está legalmente permitido.
Quien culpa al otro, quien delega su propia responsabilidad, quien se "opera" de su propia culpa, quien desplaza, endosa, se encubre en "vacíos legales" es quien ha renunciado a ser sí mismo, a ser hombre cabal, corresponsable del mundo que nos toca vivir y construir día a día. En Chile campea hoy el "síndrome de Pilatos": todos se lavan las manos, nadie siente que su responsabilidad individual sea gravitante en el curso de los acontecimientos. ¿Hay acaso una frase más tristemente nuestra que ésta: "Si no lo hago yo, igual lo va a hacer otro"?
Extraña paradoja la de una sociedad "individualista", que promueve el emprendimiento y dice tener fe en el poder de cada individuo. Somos individuos libres y cabales cuando se trata de iniciar un negocio o de acceder al poder; dejamos de serlo cuando lo que está en juego es el espacio público, nuestra convivencia con los otros. Y en toda sociedad en que se debilita la responsabilidad individual, ética, se abre el espacio para la corrupción, la mentira, la mediocridad, la decadencia espiritual y política. Andrei Tarkovski, profeta del cine ruso, en su libro "Esculpir en el tiempo", alerta sobre el debilitamiento de la responsabilidad individual en Occidente: "Para mí, la única tarea verdaderamente importante consiste en reinstaurar la responsabilidad del hombre con su propio destino (...). El sufrir con la propia alma provoca la responsabilidad y la conciencia de la propia culpabilidad. Entonces ya no se justificará con cualquier excusa la propia desidia y los descuidos, ya no se dirá que uno no es responsable de lo que suceda en el mundo".
Si hay cada vez más empresarios que sólo se miran al espejo todos los días y no ven el rostro de los otros a través de los vidrios polarizados de sus torres inteligentes y babélicas (como el gigante egoísta de O. Wilde), si abundan los arquitectos que olvidaron toda lealtad con su arte y la "polis", si tú -lector- y yo no creemos que se pueda dar testimonio allí donde nos toque actuar, entonces el cinismo y la cobardía devastarán el país más que los terremotos, los incendios y las inundaciones. Y reconstruir desde esa ruina moral sí que será una tarea ardua y talvez imposible.

domingo, 11 de marzo de 2012

EDUCACIÓN: "Censurada la Caperucita Roja", por Ignacio Valente. El Mercurio, 11 de marzo de 2012.

Quién lo diría. La Caperucita Roja es políticamente incorrecta, Hansel y Grettel hacen daño a los corazones infantiles, Blanca Nieves fomenta conductas maldadosas en los niños. De Inglaterra nos llegó la noticia. Hay apoderados y pedagogos que son partidarios de retirar de la circulación los cuentos de los hermanos Grimm, de Perrault, de La Fontaine y quizá de otros próceres de la recopilación o de la creación del mismo género -¿tal vez Saint-Exupéry, Carroll, Wilde, Kipling, Calvino, Lewis?-, porque serían un peligro para la educación de los párvulos, cuya imaginación pueblan con seres despiadados, feas brujas, fagocitación de abuelitas crudas, secuestros: ¡violencia!
Quizá el hecho no pase de ser una anécdota, pero no deja de ser un síntoma del doblez que reina en ciertos sectores de nuestra cultura pedagógica.
El primer argumento contra esa beatería se ha levantado en nombre de la realidad, la del mundo en que ya viven los infantes, harto más despiadado, procaz y cruel que aquellos cuentos: desintegración de la familia, violencia intrafamiliar y escolar, consumismo precoz... Más aún: es en el propio mundo de la entretención infantil donde compite con las lecturas tradicionales -en competencia desleal- esa subrealidad que desfila por las pantallas, pantallitas y demases electrónicos al alcance de criaturas sin número, que se impregnan de violencia, sexo bruto, estupidez, sin que padres y educadores pierdan el sueño. Si el asunto es educar, habría que comenzar la limpieza por esos programas, canales, videojuegos, y no por los textos ya clásicos de la literatura universal.
Habría que filtrar, en seguida, esos abundantes "cuentos para niños" de baja calidad imaginativa y verbal, cuyo presupuesto básico parece ser éste: que los niños son tontos, que se entretienen con cualquier necedad puesta por escrito y expurgada de todo mal, un mundo niñoide y color de rosa. Pero lo que de veras educa y entretiene a un niño, es decir, un buen cuento para niños, es en primer lugar un buen cuento a secas, capaz de ser apreciado por un adulto exigente, y eso en virtud de su misma dialéctica entre el bien y el mal. El peligro no es un cuento que describe el mal, sino un mal cuento.
Los relatos clásicos, leyendas, consejas, fábulas y apólogos del caso vienen avalados por dos cualidades insuperables: su origen remoto -inmemorial- y su raigambre popular. Esas narraciones han sido y son para los niños una incipiente reserva de humanismo, de encantamiento, de magia, hoy más necesaria que nunca como antídoto frente al asalto de una tecnología desoladora que padecemos desde la cuna hasta la tumba: ¡el Nuevo Mundo Feliz! Frente a él se alzan las voces elegíacas de quienes claman por el reencantamiento del mundo. ¿De qué reencantamiento nos hablan, cuando se ha criado a los pequeños en el desencanto de un temprano tecnicismo mecanicista?
Los dragones, hechiceras, monstruos y demonios del género clásico nunca inquietaron a nadie en épocas y culturas de un sentido ético más recio que el nuestro. Al contrario, se sabía que esos barrabases eran altamente educativos, porque -entre otras razones- sin ellos no podía haber tampoco hadas ni héroes. De cara a las tragedias de Sófocles o Esquilo, Aristóteles forjó el concepto de "catarsis": la purificación que sufren las pasiones, las desgracias y los horrores a su paso por la belleza artística, por la imaginación creadora, por el gozo de la contemplación. Es por esta misma transfiguración emotiva y moral que el lobo, la bruja o el dragón -en suma, el mal- hacen bien al corazón del niño y lo educan. En otra parte están los males que lo malean, y de ellos deberían preocuparse los padres y educadores de Inglaterra y de todo el mundo.