jueves, 30 de enero de 2014

LITERATURA: "Perlas para ostras", por Cristián Warnken. El Mercurio, 30 de enero de 2014.


Ha muerto José Emilio Pacheco, gran poeta mexicano, que probablemente no conozcas ni hayas leído nunca.

Una vez escuché decir a alguien que los poetas, cuando mueren, se convierten en estrellas. Sus poemas siguen brillando más allá de su desaparición y pueden iluminarnos en la noche. Hay estrellas que brillan y nos emocionan, aunque no sepamos siquiera su nombre. Estoy seguro de que los grandes poemas, o sinfonías, o pinturas, son la gran reserva espiritual del planeta. Tan importantes como las reservas de agua o los bosques.

Porque -como dijo Teillier- "la poesía es un respirar en paz para que los demás respiren". El mundo, con su incesante ajetreo sin sentido, nos puede asfixiar, y entonces la belleza de una obra de arte nos salva, con su oxígeno invisible. Los poemas son lámparas y banderas en la niebla. Como dijera el propio Pacheco en su poema "Las ostras", pasamos por el mundo sin darnos cuenta, sin verlo. Somos ostras cerradas. Como si un velo se interpusiera entre nosotros y el milagro del mundo, un velo que también se puede interponer entre nosotros y nuestro ser más íntimo. Darse cuenta es habitar el presente, lo único real que nos es dado y que nuestra mente agitada (y a veces alienada) se encarga de quitarnos. La mente nos quiere distraer, entretener, expulsar de la presencia del mundo. Pero ahí están los poetas -que sacan la voz desde el corazón y no desde la mente- para devolvernos al verdadero momento, para limpiar nuestros ojos, nuestros sentidos, tan embotados y ciegos. Si no conoces a José Emilio Pacheco, es porque eres una ostra, en un mundo de ostras donde la poesía de la vida ha sido olvidada, un mundo de ostras que "quieren gozar la vida sin enterarse, pasarla bien como las ostras, antes de que las guarden en un sepulcro de hielo". José Emilio Pacheco prefirió ser estrella a ostra y por eso ahora sus poemas brillan en el cielo, adonde levantan su vista los que no quieren ser esclavos de los entretenimientos de las pequeñas pantallas que hoy tienen secuestradas nuestras miradas. Hay que asomarse al mundo de vez en cuando y preguntar por el nombre de un árbol o de un río. Preguntar por las nubes, interesarse por su frágil destino. Pero -como dice Pacheco en su poema- "no sabemos los nombres de las flores/ ignoramos los puntos cardinales (...) por esa misma razón nos reímos del arte/ que no es a fin de cuentas sino atención enfocada". Atención enfocada, sí, porque no es el artista el que anda distraído; somos nosotros, las ostras cerradas al mundo, las que andamos en cualquier parte, menos aquí y ahora.

Tuve la suerte de conocer a José Emilio Pacheco y entrevistarlo dos veces, en 1999 y en 2004. Las dos veces me quitó el libro de sus poesías que le pasé para que me hiciera una dedicatoria, y corrigió unos poemas de su puño y letra. Era un corrector obsesivo, como si en esas correcciones se jugara algo fundamental. Para poetas como Pacheco, todo se juega en una palabra, en un adjetivo, incluso en un punto o coma, inflexiones de la respiración y la escritura. Ese rigor me conmueve, más en estos días, en un mundo "al que le interesan cada vez más los poetas, / la poesía cada vez menos". Porque el "poeta dejó de ser la voz de la tribu/ se ha vuelto nada más otro entertainer / sus borracheras, sus fornicaciones, su historia clínica,/ sus pleitos con los demás payasos del circo/ tienen asegurado un amplio público/ a quien ya no hace falta leer poemas".

Pacheco no fue un entertainer ni un payaso, no cayó en la trampa del ego en la que tropiezan hoy hasta los más grandes artistas. Se concentró en lo que hay que concentrarse: en corregir sus bellísimos poemas para que fueran tan perfectos como una flor o una estrella. Y ahí están, esperándonos, con la paciencia y la soledad con que nos esperan los poemas, el día que decidamos dejar de ser ostras y salgamos a buscar las perlas que están ahí afuera (y aquí adentro) y que los poemas de los grandes, como Pacheco, protegen de los piratas y de los mercaderes de la feria.

jueves, 17 de enero de 2013

CINE: "Pacto siniestro" de Alfred Hitchcock

Guy encuentra casualmente a Bruno, quien por propia iniciativa y en nombre de un supuesto pacto hará realidad el oculto deseo de matar a su ex mujer. La presencia persecutoria de Bruno representa para Guy el peligro de que sus deseos más secretos aparezcan ante los demás y de que alguna huella suya sea encontrada finalmente en la escena del crimen. Gran film de suspenso (tal vez mejor logrado en su primera parte que en la segunda), donde el terror y lo grotesco se presentan en la simultaneidad de contrarios, tales como el ambiente divertido de un parque de diversiones donde ocurre el asesinato, o la misma imagen de la víctima cuya belleza hace contraste con unos toscos anteojos, y sobre todo con una vulgar y odiosa manera de ser. Muy recomendable.

LECTURA: "Ana María" de José Donoso

Éste es un relato hecho de contrastes. Dos realidades toscas y oscuras a cada extremo, y en el medio de ellas: la luz diáfana de una niñita de tres años. Por un lado, un pobre viejo de buen corazón, unido a una mujer cuya mayor amargura radica en no tener hijos. Por el otro, los padres de la pequeña, en medio del ambiente sórdido y enrarecido de su propia cama. La niña y el viejo se hacen amigos, unidos por sus soledades. El temor al peligro que corre la pequeña, permanentemente expuesta al mundo grande e insondable, y la ternura de una amistad tan desigual y legítima, conmoverán al lector de esta breve historia. Muy recomendable.

CULTURA: Christian Warnken, "La gran fiesta". El Mercurio, 17 de enero de 2013.

Una amiga que acaba de regresar a Chile después de varios años de ausencia me comenta que le sorprende encontrar a un país monotemático y loco por la plata, en el que los hombres hablan sólo de marcas de auto y restaurantes de última moda, todos carísimos, y las mujeres de las tarifas de las diseñadoras de jardín o interiores. A veces aparece en la conversación de estas últimas la referencia a algún gurú que ofrece retiros en sofisticados resorts del espíritu. Eso es lo más profundo y variado que se puede esperar de esas tertulias. "Se ha perdido la sencillez, que hacía tan grato a este país", me comenta. Me cuenta -por ejemplo- que a su hija pequeña y a sus compañeras las invitaron a una fiesta donde las esperaba una limousine con chofer para luego llevarlas a una peluquería en la que las maquillaron para una fiesta de disfraces. En la casa -o palacio- nunca vio a la mamá y sólo se relacionó con empleadas domésticas que las atendían "como reinas". Había un frigobar, televisores y Wii en cada pieza disponibles para las "niñitas". Una verdadera escena de una película de Buñuel... Me pregunta: "¿Qué les pasó a los chilenos?"
Me cuesta responderle, lo único que puedo aconsejarle es que amplíe su círculo de conocidos y no se limite a relacionarse con los nuevos ricos que conforman el nuevo mercado objetivo de una emergente industria del lujo. Que arranque de ese patético mal gusto, de esa frivolidad de capitanía. Porque en eso está una parte de la élite: queriendo ser el virreinato que nunca fuimos, tirando la casa por la ventana. ¿Pero se encontrará con un país distinto si desciende en la escala social? Empiezo a dudarlo. Porque no sólo los nuevos ricos y los ricos que renegaron de la austeridad de sus antepasados han enloquecido con el "becerro de oro": los chilenos de todas las clases sociales hacen fila para comprar, comprar y comprar. Los chilenos van a misa, son aparentemente muy devotos (como pocos en el mundo) y después se pasan el día entero en los malls . En realidad ahí está su nueva devoción y esos son los verdaderos templos de hoy, y la única fe sólida que queda es la fe en el consumo... Algunos, a la hora del bajativo, tal vez resentidos por no poder tener todo lo que tienen los otros, a los que envidian y en el fondo admiran, critican el "modelo" porque está de moda hacerlo, pero en realidad ellos son los que lo alimentan con su deseo compulsivo de consumir. Con sus flamantes tarjetas de crédito brillándoles en las manos, se lanzan detrás de los "sail" (así se les llama ahora a las liquidaciones), copiando a esas hordas de consumidores norteamericanos que levantan carpas en las afueras de las multitiendas para ser los primeros en hacerse de los productos prometidos y vociferados. Devorados por la ansiedad de ser lo que no son, son ellos los que agotan los ansiolíticos en las farmacias. Los más ricos, los que se compran helicópteros de último diseño para sobrevolar la ciudad como jeques de un emirato austral, están un paso más adelante de la mera ansiedad: a ellos los asalta a ciertas horas de la tarde ese letal enemigo interior que es el aburrimiento. Ese que viene aparejado con la angustia existencial. Y ahí no bastan los psicofármacos para calmar esa angustia, que tiene que ver con la falta de sentido. Cuando se tiene todo, ¿cómo llenar el vacío que viene como consecuencia de la saciedad que limita con la náusea? Los economistas, claro, celebran esta fiesta, este aquelarre, esta fiebre del oro. Porque en eso estamos, en verdad, parados arriba del carroussel del alto precio del cobre. Pero cuando la fiesta se acabe, ¿qué quedará? No nos vaya a pasar lo de la hormiga de la fábula, que llegue el invierno y no tengamos nada de valor, de verdadero valor en nuestras reservas.
Le digo a mi amiga que habrá que esperar ese momento para saber cuál es el Chile de verdad, lo que queda cuando los invitados se han ido y de la gran euforia sólo permanezca la chaya desparramada en el piso.

martes, 4 de septiembre de 2012

LITERATURA: "Óscar Hahn se impuso por unanimidad". El Mercurio, 4 de septiembre de 2012.


A 70 años de su creación , el Premio Nacional de Literatura distinguió sin objeciones la sólida obra del poeta, ensayista y profesor de literatura hispanoamericana.  

Cincuenta y un años después de la publicación de su primer libro, "Esta rosa negra", con el que obtuvo el Premio Alerce de Poesía de la Sociedad de Escritores de Chile, Óscar Hahn es finalmente reconocido con el máximo galardón que otorgan las letras chilenas. Entre una y otra fecha, entre un premio y otro, los libros de este poeta nacido en Iquique en 1938 han ido conformando paso a paso y sin estridencias una obra de indudable solidez y proyección internacional.
"El jurado basó su decisión tomando especialmente en consideración su alta calidad poética, su lenguaje depurado, y la belleza, profundidad y universalidad con que trata los grandes temas del ser humano", señaló ayer el ministro de Educación, Harald Beyer. Así fundamentó este fallo unánime, discernido por un jurado de sólo cuatro integrantes, ya que Isabel Allende, ganadora de la versión anterior, se excusó de participar. Por su parte, Maximino Fernández, representante de la Academia Chilena de la Lengua, dijo: "Este premio a Óscar Hahn confirma la existencia de una alta poesía que espero que siga adelante".
Titulado en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile en 1963, Óscar Hahn trabajó como profesor en Arica, ciudad en la que conoció a Pablo Neruda y participó en diversas actividades en apoyo de la candidatura de Salvador Allende. En 1971 fue invitado a participar en el prestigioso Taller de Escritores de la Universidad de Iowa. Sin imaginarlo, pocos años después volvería a esa universidad como profesor de literatura hispanoamericana -después de salir al exilio y de doctorarse en la U. de Maryland-, y permanecería en ella durante tres décadas.
Poemarios como "Arte de morir", "Mal de amor", "Imágenes nucleares", "Tratado de sortilegios", "Versos robados", "Apariciones profanas", "En un abrir y cerrar de ojos", al margen de varias antologías de su obra, aparecen durante ese período.
Especialista en literatura fantástica y en poesía hispanoamericana, Hahn ha formado a generaciones de alumnos en Iowa y, como profesor invitado, en distintas universidades del mundo. Su prestigio internacional se ha traducido en premios, y sobre todo, en la publicación y el estudio de su obra. Instalado nuevamente en Chile desde 2008, ha publicado los poemarios "Pena de vida" y "La primera oscuridad", así como varias antologías de su obra.
-¿Cómo recibió esta noticia?
"Mi primera reacción fue de incredulidad, porque el teléfono sonó una vez, pero no contestó nadie. Sonó de nuevo, y tampoco, y la tercera vez ya pude escuchar la voz del señor ministro. Y ahí, como dicen, me creí el cuento".
-¿Qué significa para usted este reconocimiento?
"Para mí, es motivo de orgullo ser el primer poeta que le da el Premio Nacional de Literatura al Norte Grande. Es cierto, he obtenido algunos reconocimientos internacionales, pero nada es más gratificante para un escritor que el ser reconocido en su propio país".
-¿A quién le dedica este premio?
"A mi madre, porque fue, desde que yo era niño, la imagen del lector o de la lectora ideal. Esa imagen de ella, con sus anteojos, leyendo libros, me acompañó toda la vida, y debió ser un fuerte estímulo para mí. Murió a los 94 años y seguía leyendo".
-¿Quién, a su juicio, también debería ganar este premio?
"El problema es que esos poetas que debieron haber sido premiados mucho antes que yo, ya fallecieron. Son, desde luego, Vicente Huidobro, Enrique Lihn, que era muy amigo mío; Jorge Teillier, Stella Díaz Varín. En el futuro creo que se hará justicia con otros colegas".
-¿Cómo definiría su estilo?
"Mi estilo, igual que lo que pienso políticamente, es pluralista. No se enmarca en un modo de escribir, o en un solo estilo, sino que es una suma o congregación de diversos estilos, que pueden ser barrocos, más simples, cultos, coloquiales, eruditos. Es una confluencia de diversas maneras de ver el lenguaje, y a eso yo lo llamo pluralismo poético".
 "Un premio muy justo"
Ignacio Valente (José Miguel Ibáñez)
Crítico literario
"Nunca pensé que a estas alturas de 2012 un jurado pudiera postergar a Óscar Hahn, en favor de quien fuese. Le pertenecía por derecho propio. Chile ha pagado con él una deuda pendiente. Me alegro por la poesía chilena y por la institución del Premio mismo, que ha vuelto a prestigiarse"
Jorge Edwards
Premio Nacional y Premio Cervantes
"Me alegro mucho. Es un premio muy justo. Hahn es un gran poeta, uno muy original en su forma y en su manera. Además, es un hombre de cultura literaria, un muy buen crítico, un profesor de literatura de calidad. Es un tipo de persona muy escasa en Chile, así que me alegro".
Luciano Cruz-Coke
Ministro de Cultura
"Muy merecido este nuevo reconocimiento para Óscar Hahn, a quien el 2011 entregamos el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda. Su obra, de enorme valor y vigencia, ha logrado trascender las fronteras nacionales e influir en las nuevas generaciones de poetas y creadores".
Poeta mayor
La obra poética de Óscar Hahn merece largamente este reconocimiento. Destaca, entre otras razones, por su "gran estilización de la experiencia personal" (Jorge Edwards), por la exploración metafórica de los territorios limítrofes del inconsciente (Óscar Galindo), por el entrecruce y metamorfosis del código poético tradicional, medieval y renacentista, con el código moderno (W. Nick Hill) o por el intrincamiento de "los signos de la sexualidad y de los signos de la muerte" (Waldo Rojas), cuyo motivo unitario está compendiado en el verso: "Detrás de todo gran amor la nada acecha". Su ductilidad para reunir singularmente diversos estilos, fuentes e influencias es clave en la comprensión de su obra: "Un mismo poema puede integrar en su unidad esas dimensiones varias o se alimenta de ella como de lejanas raíces que, tras muchas hibridaciones, produce un fruto inclasificable pero óptimo: transgénico". (Ignacio Valente).
El otorgamiento del Premio Nacional de Literatura invita, pues, a la relectura de un poeta que en la tradición hispanoamericana ha logrado, gracias a su carácter de artesano inteligente, lúdico y apasionado, una original síntesis entre tradición y modernidad, verso libre y disciplina métrica, riqueza de referencias cultas y populares, e íntima unidad entre lo erótico y lo elegiaco.

jueves, 30 de agosto de 2012

CULTURA: "Decadencia", por Cristián Warnken. El Mercurio, 30 de agosto, 2012.


El país necesita aire nuevo, ideas, líderes, visionarios a quienes admirar. El panorama no puede ser más sorprendente: un país con buenas cifras macroeconómicas, pero sin una política (en el sentido más noble y esencial del término) a la altura de los desafíos. Los economistas más reductivistas, a estas alturas, tendrán que ser humildes y reconocer hidalgamente que no basta con tener buenas cifras para que un país sea viable. Lo mejor de Chile, de su historia, lo que nos da identidad y todavía nos provoca orgullo no nació porque alguien pensó desde una calculadora o un focus group lo que había que hacer. Ningún país se construye sólo desde el pensar calculante ni la pura gestión.

La invención de Chile nace de un espíritu, un impulso genuino, una verdad. Ahí están Andrés Bello, Vicuña Mackenna, Alonso Ovalle, Diego Portales, Lastarria, los hermanos Amunátegui y tantos otros. ¿Qué tienen en común esos fundadores?: el amor que nace del conocimiento de lo propio, y el conocimiento que se sostiene sobre el amor a lo propio. No hay otra fórmula para fundar. Quien crea que para conducir un país sólo basta con consultar los oráculos de las encuestas y mantener a raya la inflación o empinarse sobre ciertos dígitos en crecimiento económico, está profundamente equivocado. Por eso, la peor de las decadencias es la decadencia de las convicciones, de la virtud (y especialmente la virtud republicana), de la coherencia. Y en todos esos dominios sí que podemos hablar de un sostenido y sistemático proceso de decadencia en curso. Ni la convicción ni la virtud ni la coherencia se pueden medir con indicadores matemáticos. Tampoco se pueden adquirir de la noche a la mañana: las convicciones no se improvisan, no se venden ni se compran.

Hace unos días, en un evento al que asistían altas autoridades y empresarios, escuché a alguien decir de pasada: "Es que todos tenemos nuestro precio". ¡Qué frase tan reveladora! La idea de que todos tenemos un precio se ha instalado en nuestro sentido común. Ésa es la música que han venido escuchando desde la cuna las nuevas generaciones en estos años. ¿Cómo quejarnos después de que la desconfianza y la sospecha cundan entre ellos o, lo que es aún peor, el cinismo? Eso sí que a la larga nos va a llevar a la ruina. Y la ruina moral, antesala de la ruina política, puede ser mucho más grave que la ruina económica de un país. Un país puede levantarse de esta última o de una catástrofe natural, si una energía colectiva que nace de visiones y anhelos compartidos despliega lo mejor de cada individuo. Pero de una ruina moral sí que no se "sale" fácil.

Sí, es verdad, las cifras macroeconómicas parecen indicar que Chile está mejor que nunca. Pero el que miles de jóvenes salieran una vez más a las calles, el que sientan que un abismo los separa de la clase dirigente, sumado a la ausencia de liderazgos y la falta de un proyecto consistente y visionario para el Chile de las próximas décadas, no parecen augurar nada bueno en el horizonte.

¿Qué hacer? ¿Sólo basta seguir creciendo? ¿Y hacia adónde? El Muro de Berlín no se cayó sólo por razones económicas o políticas. Se cayó porque la podredumbre interior minó las bases que sostenían sus frágiles ladrillos. Hay que mirar la calidad de las fundaciones sobre las que están parados los países.

Tal vez necesitamos una refundación desde el espíritu y desde las ideas. La primera tarea de los días que vienen es una revolución moral (no moralista) de la política. Gestos y declaraciones que nazcan de una verdad y no de un cálculo. Proyectos y líderes auténticos (no fabricados desde el marketing o desde la inercia de los acontecimientos), que movilicen a nuestros jóvenes con todo su ímpetu y fe detrás de ideas y acciones coherentes con esas ideas. Porque la decadencia comienza cuando ya no hay nadie a quien admirar.


domingo, 19 de agosto de 2012

LECTURA: "El libro aprende a leer", por Juan Villoro. El Mercurio, 19 de agosto, 2012.


Cuando San Agustín vio leer a San Ambrosio fue testigo de una peculiar manera de expresar la devoción: el sorprendente erudito leía en silencio.
Agustín contó la escena en sus Confesiones : "Cuando Ambrosio leía, pasaba la vista sobre las páginas penetrando su alma, en el sentido, sin proferir una palabra ni mover la lengua [...] Yo entiendo que leía de ese modo para conservar la voz [...] En todo caso, el propósito de aquel hombre era bueno".
Durante siglos, la escritura no eliminó la oralidad. Entender la letra significaba pronunciarla. Aunque se tratara de un acto individual, el texto se recitaba; requería de sonido para suceder. San Agustín fue testigo del viraje cultural que se fraguaba en el siglo IV. Después de Gutenberg, los libros impresos facilitarían leer al modo de San Ambrosio.
A partir de entonces la lectura ha representado el vínculo secreto entre dos mentes. De manera significativa, el libro electrónico comienza a alterar esta costumbre. En un artículo publicado en el Wall Street Journal, Alexandra Alter reflexiona sobre las consecuencias de leer descargas en Amazon o Google. Por primera vez, los editores disponen de pistas sobre la forma concreta en que los libros son utilizados. Pueden saber en cuántas horas se lee un texto, cuántas veces se interrumpe, qué otros libros se leen entretanto, qué pasajes se saltan, qué frases llaman la atención y merecen subrayado luminoso.
Los hábitos de los lectores se precisan con tal detalle que se teme una nueva invasión de la privacidad. Al mismo tiempo, esto despierta el interés de los autores. Todos sentimos curiosidad por descubrir el modo en que somos leídos y controlamos con discreción lo que leemos (si un periodista pregunta qué libro tienes en el buró, mencionas La Eneida para no tener que explicar por qué estás leyendo la biografía del Pibe Valderrama).
Gracias a Kindle, es posible detectar no sólo el título de la obra, sino qué pasajes interesan más. Leer una escena erótica ya no es un acto íntimo, sino algo que detecta una máquina, circunstancia típica de una época en que Google Earth supervisa el mundo y convierte al nudismo de azotea en un acto exhibicionista.
No todos los datos que aportan las descargas son novedosos. En los primeros meses de lectura electrónica se ha "descubierto" que los libros de no ficción se leen a saltos y las novelas de principio a fin, que los lectores de ciencia ficción son más veloces y los literarios, más exigentes y proclives a abandonar el libro.
La frase más subrayada pertenece a la novela de moda Los juegos del hambre : "A veces las cosas importantes le suceden a la gente que no está preparada para lidiar con ellas". Bien mirada, la expresión define nuestra extrañeza ante la tecnología.
Una paradoja esencial de los inventos es que recuperan atavismos. La segunda frase más subrayada plantea una situación que muchos juzgarían superada. Se trata del comienzo de Orgullo y prejuicio , de Jane Austen: "Es una verdad universalmente aceptada que un hombre soltero en posesión de una buena fortuna deba estar en busca de una esposa". La ilusión de mezclar el dinero con el matrimonio no sólo tiene vigencia en las telenovelas.
Los libros electrónicos leen a sus lectores. Aún es difícil detectar reacciones psicológicas o estéticas, pero no sería raro que en el futuro también se midiera el impacto emocional de un personaje o una metáfora. ¿Llegaremos a la satisfacción vicaria de sentir que un libro nos lee mejor que otro?
Por el momento ya hay libros interactivos. En ciertas novelas policiacas es posible descartar culpables para contribuir al desenlace y en novelas románticas se puede escoger al novio de la protagonista.
De acuerdo con Italo Calvino, el libro es la única parte de la casa donde podemos estar a solas. Esto comienza a cambiar. ¿Comprometeremos la sinceridad de nuestras reacciones al saber que dejan huella o admitiremos la lectura como una práctica semipública? El hábito de leer no se modificaba tanto desde el siglo IV.
La asombrosa introspección que San Agustín observó en San Ambrosio perdura en los libros impresos. El e-book pertenece a una comunidad. Dejamos un rastro luminoso que puede tener testigos. Mientras leemos, alguien lejano nos descifra.

sábado, 11 de agosto de 2012

CULTURA: "¡Qué espectáculo!", por Cristián Warnken. El Mercurio, 2 de agosto de 2012.


En mi casa casi nunca nos reunimos en familia a ver televisión juntos. Porque ya no hay prácticamente nada que merezca ser visto en la "caja chica" y porque nuestra sala de juegos es una multisala de espectáculos que genera mejores contenidos que los que ofrece la industria televisiva. Es frecuente tropezarse en los pasillos, o en pleno living, con un caballero medieval, un dragón y una princesa: por eso las niñas son recibidas con tanta algarabía, porque siempre les falta a mis cuatro hijos hombres ese vital personaje para completar sus improvisadas historias de aventuras. También se dibuja mucho: Mateo Matta (así lo llamamos) tiene cinco años y no para de llenar hojas y hojas con monstruos, héroes y animales que danzan en una interminable fiesta de colores y trazos. Alonso, de 10, es el guionista y talentoso actor principal de breves películas que grabamos en mi cámara y que todos piden ver una y otra vez. Porque no hay nada más excitante que ser uno su propio Hollywood. Cristóbal, de tres, es el bailarín del grupo; ofrece sus coreografías cuando alguien pone música y puede bailar desde Mozart hasta un estridente reggaeton. Los niños nacen danzando, son puro éxtasis; después los pasmamos. Ah, y se me olvidaba Samuel, de un año y un poco más. Él es el campeón de lucha libre, porque en una casa de hombres no pueden faltar los "Titanes del ring".
Como verán, con ese carnaval permanente la televisión sobra, y todavía los iPhone, iPad y todos los " i " no nos han "levantado" a nuestros eximios actores, pintores y bailarines para llevárselos lejos de aquí. Ya llegará ese día, por ahora disfruto la cartelera diaria que nos autoofrecemos todos los días, esta ópera espontánea y gratis, y en vivo y directo. Mientras dure. Yo y mis niños fuimos formados en la gran escuela de Themo Lobos, que nos enseñó que la vida es una aventura abierta y no un guión del cual somos sólo los extras. Una aventura de la que somos protagonistas, como el niño Mampato, que desde su hogar de clase media chilena viajó a través del tiempo y el espacio.
Por eso fue raro ver hace unos días a mi troupe, a todos los miembros de mi circo familiar sentados, silenciosos, embobados frente a la pantalla de televisión, como nunca antes. Se inauguraban los Juegos Olímpicos en Londres, y el espectáculo por primera vez estaba afuera, lejos de aquí, y no en casa. No era un reality show , ni un programa de farándula, ni un concurso de talentos. Era una fiesta desencadenada por una cita del poeta Willian Blake, una escena de una obra de Shakespeare, un verso de Milton, un desfile carnavalesco de personajes de la inmortal literatura, cine y música ingleses. Hasta la Reina actuaba. La gran literatura y el teatro estaban entrelazados con los íconos de la cultura pop en un prodigioso montaje, en un ritual multimediático en que el espíritu deportivo y el poético se tocaban, como en la antigua Grecia. Ahí estaba el milagro: un espectáculo de la más alta excelencia y finura congregaba a millones en torno a todo aquello que nuestros expertos en televisión dicen que la "masa" no quiere ver. ¿O no era ese un espectáculo en el sentido más genuino y noble del término? ¿Qué es lo que hace que un país desarrollado, moderno como Inglaterra apueste por lo más excelso de su historia cultural -partiendo por sus poetas- y nos lo ofrezca con orgullo y alegría? ¿No fue acaso esa transmisión un mentís a los que dicen que la televisión ya no debe ser educativa? Si nos gusta tanto copiar lo de afuera, ¿por qué copiamos sólo la chatarra y las alcantarillas, y no la poesía, la verdad y la belleza? ¿Qué espectáculo estamos dando de nosotros mismos? Cuando se acaben las Olimpíadas se apagará otra vez la televisión en mi casa, porque mis guionistas, actores, músicos y bailarines tienen mucho trabajo que hacer si queremos algún día ser sede de un Juego Olímpico o algo que se le parezca.

CULTURA: "Crisis de sentido", por Gastón Soublette. Carta a El Mercurio, 2 de agosto de 2012.


Recientemente en un reportaje al último libro del historiador inglés Niall Ferguson (Artes y Letras, 15 de julio), se formuló la consabida pregunta de cómo será el mundo en el año 2050, a la que es de costumbre responder en términos de macroeconomía: EE.UU. dejará de ser la primera potencia cediendo su lugar a China e India.
A estas alturas de la historia ese tipo de respuesta deja de evidencia una superficialidad abismante y un gran vacío. Ese vacío no es otro, sino el hombre mismo. La pregunta es sobre el destino de la humanidad, pero la respuesta carece de contenido humano... El hombre como accesorio del entramado monetario mundial.
La pregunta correcta es: ¿Cómo serán los hombres en 2050 si ya en 2012 son como es de público conocimiento? Formulada así, el intento de responderla se vuelve problemático e inquietante a juzgar por lo que se ve a diario. Entonces, para ver el mundo real en que vivimos urge desechar el criterio mercantilista de los que nada saben sobre el hombre y prevén el futuro de la humanidad solo con la lógica de los negocios.
Por eso resulta significativa la aparición simultánea de dos testimonios personales contrastantes en su edición del 21 de julio. Uno de César Pelli, diseñador de la torre del Costanera Center, y otro de Cristián Warnken. Pelli, un hombre identificado con este modelo de civilización financiero-tecnológica, sin más motivaciones que el imperativo fáctico de realizar su proyecto "contra el cielo" como él lo ha dicho, sin plantearse la pregunta por el sentido.
Warnken, un pensador que se da cuenta de que allá afuera nada está ocurriendo que contribuya a que los hombres sean humanamente mejores, sino al contrario, mientras más "adelantado" se muestra el mundo de los poderosos, más alejados de nuestro centro espiritual y alienados nos hallamos. Por eso nuestra esperanza se afirma en el hecho de que cada día que pasa son más numerosos los que despiertan como Cristián Warnken y se sitúan en su centro interior para no perder su identidad humana en la masa inconsciente, y sacar lo mejor de sí mismos.
César Pelli declara que su torre es la más alta de Latinoamérica y que por eso deberíamos estar orgullosos ¿Por eso...? Más orgulloso estoy yo de haber podido darme cuenta de que nada hay ahí para enorgullecerme.

viernes, 20 de julio de 2012

CULTURA: "Cuento chino", por Cristián Warnken. Columna del 19 de julio, 2012.


En 1929, Rainer Maria Rilke dijo: "Para nuestros abuelos, una torre familiar, una morada, una fuente, hasta su propia vestimenta, su manto, eran aún infinitamente más familiares; cada cosa era un arca en la cual hallaban lo humano y agregaban su ahorro de humano. He aquí que hacia nosotros se precipitan, llegadas de EE.UU., cosas vacías, indiferentes, apariencias de cosas, trampas de vida... Una morada en la acepción americana, una manzana americana, o una viña americana, nada tienen de común con la morada, el fruto, el racimo en los cuales había penetrado la esperanza y la meditación de nuestros abuelos... Las cosas dotadas de vida, las cosas vividas, las cosas admitidas en nuestra confianza, están en su declinación y ya no pueden ser reemplazadas. Somos tal vez los últimos que conocieron tales cosas".
En este 2012, sólo me cabe citarla íntegramente, porque es de una actualidad pasmosa. El texto sólo admite una actualización: en vez de "esas cosas que se precipitan llegadas de EE.UU.", habría que decir hoy "esas cosas que nos inundan desde China". Porque desde allí nos están llegando hoy las cosas, desde fábricas donde la alienación y explotación descritas por Marx en el siglo XIX han sido ampliamente superadas por las prácticas de un hipercapitalismo trepidante administrado, además, por un Partido Comunista cuya fuente teórica es ¡el mismo Marx!
Y ahí estamos: aprendiendo chino u ofreciendo cursos de español para chinos, haciendo negocios en China (aunque en realidad son siempre los chinos los que hacen negocios con nosotros), creyendo que les vendemos nuestro cobre cuando en realidad ellos son los que nos compran el cobre. En el horizonte se avizora la primera conquista y colonización a nivel mundial que se hará sin sangre, sólo con paciencia, un saber estratégico y táctico refinado acumulado por milenios y mano de obra muy barata.
Cuando eso suceda nuestros hijos ya habrán olvidado el sabor de un pan cocido en un horno de barro, o el de los tomates cosechados en la mata, y el sonido de los trenes que parten bajo la lluvia. Ésas serán sólo imágenes de poetas nostálgicos y despreciados, tan despreciados como lo fueron en su tiempo algunos magníficos poetas chinos expulsados de la corte por emperadores implacables.
Mientras tanto, el país de norte a sur se llena de malls, ¡nuestro único aporte arquitectónico "original" de estas décadas! Cuando en miles de años más los arqueólogos del futuro excaven entre nuestras ruinas, se devanarán los sesos para resolver este enigma: ¿por qué estos chilenos construyeron tantos de estos templos copiados de Norteamérica, y cuál era su dios al que veneraban con tanta devoción al interior de ellos? ¿O era acaso un dios chino? ¿Cómo un pueblo cuyos antepasados fueron los resistentes mapuches abdicó así de su identidad e historia?
Nos arremolinamos, como multitudes desesperadas, a las puertas de los templos del "sagrado consumo", buscando las cosas desechables y sin identidad ni origen, venidas de una misma y única hiperfábrica mundial. Vagamos entre vitrinas abarrotadas de vacío, creyendo que poseemos algo, pero en realidad al final del día no nos quedamos con nada propio, sólo con una inmensa deuda y el olvido absoluto del ser.
Trato de ser fiel a algunos objetos, como lo era mi padre: a mi abrigo, a mis zapatos, a una vieja lámpara de escritorio heredada. Todas esas cosas me dicen algo, me comunican con mis antepasados que se fueron. Pero las cosas que compro y uso me son cada vez más infieles, más ingratas, más ajenas.
¿Por qué, entonces, estamos tan felices con estas "apariencias de cosas", con esas "trampas de vida", como las llamaba Rilke? ¿Por qué compramos y compramos con tanta desesperación como si se fuera a acabar el mundo? Tal vez porque el mundo ya se acabó, nuestro mundo se acabó, y nosotros somos sólo los fantasmas que deambulan en un cementerio de cosas que nacieron muertas.

sábado, 16 de junio de 2012

BELLEZA: Rutina de belleza de Jennifer Aniston (Fuente Yahoo)


Jennifer Aniston siempre ha sido un modelo de belleza. De hecho, los diversos estilos de cabello con los que apareció en las 10 temporadas de "Friends" eran la aspiración de muchas mujeres, que acudían a las peluquerías con una fotografía suya y pedían exactamente el mismo corte.

Ocho años ya han pasado desde que terminó la exitosa serie y la actriz continúa llamando la atención por su apariencia. A sus 43 años -los cumplió en febrero- muchas se preguntarán cómo logra mantener la juventud en su rostro sin haber recurrido nunca a la cirugía. La revista británica "Now" dio con su secreto: una estricta rutina de belleza.

Según señaló al medio una fuente cercana a Aniston, ella no ha pensado en ingresar al quirófano porque no quiere verse "estirada". Por esta razón, todas las noches dedica 30 minutos de su tiempo para prevenir la aparición de las arrugas. ¿Quieres saber qué hace la actriz durante esa media hora?

De acuerdo a la fuente contactada por "Now", el primer paso de la rutina de belleza de Aniston consiste en dilatar los poros con la ayuda de vapor, el cual lo aplica por 10 minutos. Posteriormente, la actriz lava su rostro con un jabón suave y utiliza un tonificador, para luego hidratarlo con una loción de la línea Cetaphil del Laboratorio Galderma.

"Después ella pasa otros 10 minutos dándose un masaje facial para estimular a las células de la piel y ayudar a tonificar los músculos", describió la fuente.

A continuación, la intérprete de Rachel Green en "Friends" se aplica un tratamiento de vitamina A de Anna Lotan -un laboratorio de bio-estética que elabora productos profesionales exclusivos y funcionales del cuidado de la piel- y se lo deja por otros 10 minutos. Mientras tanto, la actriz abre cápsulas de vitamina E, y las esparce por sus mejillas y codos.

Para terminar, Aniston se aplica una crema restauradora de la línea Dr. LeWinn de Kinerase y luego un "milagroso" producto cuyo costo no supera los mil pesos: vaselina. Según la fuente de "Now", ella se pone un cuarto de cucharadita debajo de cada ojo.

"Jennifer es muy disciplinada cuando se trata de mantenerse joven", aseguró la fuente, la cual añadió que la rutina de belleza de la actriz está completa recién a la mañana siguiente, cuando llena el lavamanos con agua y cubos de hielo, y sumerge su rostro. El objetivo de esta práctica es achicar los poros y reducir la hinchazón alrededor de sus ojos.

¿Quieres ser como ella?

Si quedaste entusiasmada con la rutina de belleza de Jennifer Aniston, la buena noticia para ti es que puedes realizarla casi igual a como lo hace ella. En primer lugar, en el mercado existen saunas faciales caseros de diversas marcas, los cuales tienen un adaptador para apoyar el rostro y recibir el vapor que abre los poros. Si no quieres gastar dinero en uno, también tienes la alternativa de llenar un recipiente con agua hirviendo, cubrir tu cabeza con una toalla y acercar tu rostro a él. Para hacerlo más grato, puedes agregar al agua hierbas o aceites esenciales.

José Hono, presidente de la Sociedad Chilena de Dermatología, confirma que el vapor es una herramienta efectiva para dilatar los poros y así poder realizar una limpieza más profunda. Respecto a si es conveniente utilizarlo en forma diaria, el especialista señala que "depende fundamentalmente de cuánto es el grado de producción de impurezas que tenga la persona, pero no es perjudicial".

En tanto, la línea Cetaphil del Laboratorio Galderma está disponible en Chile y se vende en las principales farmacias del país. Se trata de productos que generalmente se utilizan para tratamientos dermatológicos, por lo que no necesariamente son baratos. Asimismo, es conveniente que consultes con un especialista cuál es el más adecuado para ti según tu tipo de piel.

Por su parte, los productos de Anna Lotan y la línea Dr. LeWinn de Kinerase son bastante exclusivos, y no se venden en Chile. Los primeros se pueden encontrar en casi todos los países de Europa, Asia y Oceanía, además de Estados Unidos; mientras que los segundos sólo en Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Irlanda, Estados Unidos y China.

La vaselina, el "milagroso" producto que utiliza la actriz, es un ungüento de uso común y se encuentra en cualquier farmacia a muy bajo precio. Sin embargo, según señala el doctor Hono, no existe evidencia de que funcione en la prevención de las arrugas. "La vaselina tiene un efecto fundamentalmente lubricante (...) En realidad no se absorbe, sino que sólo genera una capa grasa encima de la piel", explica.

Por esta razón, el especialista advierte que quienes tienen tendencia a la piel grasa o al acné deben ser precavidos en su uso, ya que "les va a aumentar el taponamiento de los folículos y de las lesiones acnéicas".

Por último, el dermatólogo señala que la aplicación de agua fría también es efectiva para deshinchar el rostro, pero alerta a las personas que sufren de rosácea. "Si una persona tiene rosácea, de la vasocontricción inicial por el frío, va a pasar a una vasodilatación muy importante después, que le va a poner la cara muy roja y más hinchada. Entonces, no es llegar y hacerlo", aconseja.

domingo, 27 de mayo de 2012

CULTURA: "Patrimonio intangible", por Alejandra Valdés. El Mercurio, 27 de mayo de 2012.


"Los hombres pasan, los recuerdos quedan, pero las obras y las formas en que los hombres hacen las cosas permanecen y perpetúan sus recuerdos".
Esta frase de despedida, escuchada en el entierro de un amigo, hacía claramente referencia al patrimonio físico y espiritual que dejaba en herencia a sus descendientes. Hombre de principios y de obras, aportaba al futuro de su familia un ejemplo valioso de vida y una sólida posición sobre la cual seguir incrementando su legado.
Sin embargo, pensé, qué precaria es la relación que se establece entre las obras, los hombres y su recuerdo; qué pocos ejemplos buenos perduran como para volverse tradición y qué poca relación se establece entre el legado y los hombres que lo construyeron.
Pensé, entonces, efectivamente los hombres y las civilizaciones pasan, los recuerdos se olvidan pronto y las obras, sus formas de hacerlas y el cómo se llegó a éstas, pierde rápido la relación con sus creadores cuando no quedan herederos capaces de transformar esa herencia en un patrimonio perdurable, cuando nadie se ocupa de conservarlas y transmitirlas como un legado que contribuya a alimentar los espíritus y nos ayude a ser mejores.
La herencia pierde entonces ese sentido de patrimonio inmaterial "que no es sólo sede de la cultura de ayer, sino laboratorio donde se inventa el mañana", citando a Koichiro Matsuura, quien fue director de la Unesco.
Afortunadamente, Chile ha tomado conciencia de legado y patrimonio; ha entendido la importancia como nación de conservar las obras y mantener el recuerdo de los hombres que las construyeron.
El Día Nacional del Patrimonio da fe de ello. La propuesta de crear un Ministerio de Cultura y Patrimonio, también.
Queda ahora nuestra participación. Todo aquello que podamos hacer, individualmente o en conjunto, por mantener y acrecentar el patrimonio inmaterial y trabajar por la educación de las generaciones venideras. Por impulsar instancias que promuevan cambios en torno a nuestras raíces y a nuestras tradiciones, que enriquezcan la formación integral de los alumnos, que amplíen sus competencias personales y les permitan enfrentar con creatividad y conocimientos los desafíos del siglo XXI.

lunes, 21 de mayo de 2012

PSICOLOGÍA: "¿Qué hacer cuando baja nuestro ánimo en invierno?". Emol, 30 de abril de 2012.

Comienza el invierno, los días se hacen más cortos, baja la temperatura y muchas personas se sienten más decaídas, con ganas de dormir y comer en mayor cantidad ¿Qué hacer con estos síntomas?
En un artículo anterior de mi colega Paulina Sallés llamado: Trastorno afectivo estacional, se describe esta depresión que podría afectar a personas con la llegada del invierno,  las variaciones de la luz y temperatura que ocurren durante esta época del año pueden afectar al ánimo de las personas y su normal funcionamiento diario. El correlato biológico de este trastorno se origina a partir de la falta de exposición a la luz, que forma una sucesión de respuestas a nivel endocrino, inmunológico, alterando el reloj biológico interno.

Sin embargo, a mi juicio pondrían haber otras explicaciones a algunos de estos síntomas, como por ejemplo una necesidad de tener un letargo invernal (fenómeno parecido a la hibernación) de ciertas personas en invierno. Al igual que los animales,  algunas personas pueden sentir la necesidad de reducir su actividad en invierno para poder restablecerse, para esto necesitan acumular depósitos grasos en su cuerpo, lo que explicaría la necesidad de comer carbohidratos, por otro lado, el  retraimiento social y la hipersomnia  manifestarían la necesidad de reducir el gasto energético en pos de una reparación interna.

Tomarnos este periodo de forma positiva y tranquila es uno de los caminos para enfrentarlo mejor.

Este letargo invernal puede tener que ver con restablecer energías no solo físicas sino también psíquicas en la persona. Hacer una hibernación real es imposible para los seres humanos ya que no tenemos la capacidad de reducir nuestro metabolismo y temperatura corporal como los animales que si lo hacen, sin embargo si podemos pasar por épocas en las que necesitamos de mayor autocuidado y tranquilidad para reponernos del estrés de la vida cotidiana y los desafíos que implican los meses más calurosos.

La baja de ánimo explicaría entonces un cansancio emocional y mental en el que se encuentra la persona, por estar ocupando sus recursos energéticos de manera inadecuada, por eso les recomiendo:

Proporcionarse momentos de descanso durante el día, si es posible tomar siesta a media mañana y  acostarse temprano para lograr que el cuerpo pueda reponerse a través del sueño.

Evitar someterse a stress o demasiadas exigencias: Las preocupaciones diarias significan un importante gasto de energía emocional y mental, reducir nuestros compromisos y tareas ayudan a tener mayor energía disponible para nosotros mismos.

Alimentarse sanamente, erradicar comer alimentos artificiales o el uso de sustancias tóxicas. Recordemos que nuestro cuerpo  y mente funcionan en sintonía y sincronía, gran parte de la energía que invierte nuestro organismo  diariamente es en digerir, si nos alimentamos en base a frutas, verduras y fibras propiciamos tener una mayor energía disponible para nosotros y nuestros procesos internos.

Lo último y más importante que recomiendo es tener una actitud positiva sobre este período y entenderlo como un momento de descanso y restauración. La sociedad actual le da escasa cabida a los momentos de recogimiento ya que el valor está puesto principalmente en el “hacer”, olvidando que las acciones deben ser ejecutadas por personas con  la complejidad y variación propia de los seres humanos. Escucharse, permitir y darle curso a los procesos que viven nuestro cuerpo y mente es aprender a vivir de manera más armónica y en conexión con nuestra verdadera naturaleza.

jueves, 3 de mayo de 2012

LECTURA: "Lectura gratuita", por Mentessana. El Mercurio, 3 de mayo de 2012.


A eso de las 7:30 de la mañana las personas suelen ir de prisa y, por lo general, atrasadas a sus quehaceres. Sugerentes escenas se ven a esa hora. En Providencia con Av. Salvador, por ejemplo, los vendedores callejeros empiezan a instalar sus mercaderías sobre el frío cemento; los dos lustradores de zapatos ya están instalados y empiezan a recibir a los primeros clientes; una señora ofrece, ilusionada, sándwiches a bajo precio; el ciego que vende pañuelos desechables a la entrada de la estación del Metro también trabaja con la esperanza de que sea un buen día... En fin, hay una muestra amplia de trabajos variados. En medio de todo, me sorprende ver, a pocos pasos del hombre de los pañuelos, una larga fila de personas. Al principio pienso que esperan un bus del Transantiago, pero me equivoco. Aguardan, con paciencia oriental, un diario que se reparte gratuitamente. Es un cuadro que, en medio de la temprana oscuridad, ofrece algunas dudas razonables. ¿Es tanto el amor por la lectura en este país? ¿Les gusta a los chilenos estar bien informados? ¿O es porque, lisa y llanamente, el diario es gratuito? Como sea, alegra saber que, ante la amenaza electrónica, hoy aún se lee.

¿Importa qué? Universitarios le preguntaron cierta vez a Giovanni Papini por qué debían leer a los clásicos. Les dijo: "He aprendido que en la vida siempre va a ser mucho mejor haber leído a los clásicos que no haberlos leído".

CULTURA: "Parábola sobre los pollos". Carta a "El Mercurio", por Pbro. Horacio Larraín Aspillaga.


Esta mañana fría de sábado estaba preparando una antigua estufa de parafina para hacer frente a los amaneceres ya más frescos, más invernales de estos días de fines de abril aquí donde resido, una pequeña parcela del secano costero en el área metropolitana, a unos 10 kilómetros al sur de la comuna de San Pedro de Melipilla. De pronto oí uno de los "timbres", era mi perro "Kayser" que cuida el frente de la entrada de mi casa, me avisaba que venía alguien. Se trataba de un vecino y amigo, me traía de regalo dos pollos blancos vivos. Estaban en el pick up de la camioneta. Son pollos de criadero, muy blancos y muy parecidos entre sí. Al verlos me di cuenta de que ni siquiera venían amarrados, hice la observación, y mi amigo me dijo: "si no se mueven". Al entregármelos inmediatamente advertí lo pesados que son. Al tomarlos y afirmarlos sobre mi pecho piaban como un pollito pequeño, eran sin embargo grandes, muy gordos, con poco plumaje, observé sus pies, estaban intactos como si nunca hubieran tocado el suelo.
Estoy viviendo hace más de un año en este lugar muy hermoso llamado Cabimbao, que los lugareños dicen que significa "tierra de espinos" en mapudungún. Desde mi residencia, una vivienda que era de un antiguo campesino del lugar, salgo en ayuda de dos hermanos míos. Soy sacerdote y procuro aliviar en algo el pesado y heroico trabajo de mis vecinos párrocos. Mi situación de vida me ha llevado a procurar ser autovalente, es por ello que tengo un pequeño gallinero (que me provee de huevos), dos perros guardianes (uno en el patio anterior, "Kayser", y el otro en el patio posterior, "Kovacs", porque lo recogí en calle Seminario cerca de la automotriz con dicho nombre). Ambos canes son mis alarmas, no tengo luces sensibles, ni rejas. Además son parte de la parcela una yegua, "Dionisia", y una gata, "Rita", la cual aleja a los roedores y cuida de las gallinas cuando se sueltan.
En el anterior contexto recibo de regalo estos dos pollos de criadero. Luego les pondré nombre, tendré que ver cómo diferenciarlos, porque en realidad son idénticos. He escuchado que tendrán unos 40 días de edad, estaban listos para el matadero. Los pobres apenas se sostienen sobre sus patas, están como atrofiados, al echarlos al gallinero inmediatamente buscaron el sol del corral adjunto. Una de mis gallinas que cría una pollita es la que más ha atacado a estas visitas. Dicha pollita nació en enero es esbelta, ágil, rápida, tiene tres meses cumplidos nunca le ha faltado el alimento y los minerales y vegetales que ella misma se procura en la pradera, debe pesar un tercio o un cuarto, y mide la mitad con respecto a los pollos allegados. Una o dos veces he tenido que alejar a mis tres gallinas y al gallo de los pollos, tienden a atacarlos, empezando por comerles las plumas. Los pobres pollos no se pueden defender, apenas se mantienen en pie. Su peso les permite desplazarse con dificultad un par de metros y caen quedando echados e indefensos. Cuando me acerco al gallinero los blancos pollos se me acercan, como buscando mi protección, por el cobijo que les he brindado.
Observando a estos blancos pollos, tan gordos, tan inmóviles, tan idénticos... no he podido dejar de sentir que nosotros, los seres humanos de este vertiginoso siglo XXI, tenemos algunas características análogas a estas pobres aves. Se ve en nuestros rostros que poco disfrutamos del sol, cada vez vamos tomando características más urbanas que rurales. Incluso los habitantes del campo tienden a refugiarse en sus casas, con el televisor o con el computador. Poco nos desplazamos por nuestros propios pies, con la mayor frecuencia usamos el vehículo para movernos de un lugar a otro. ¿Acabaremos echados sobre nuestros escritorios sin poder movernos mucho, incapaces de alimentarnos de los frutos de la naturaleza? ¿Seremos víctimas del sedentarismo y nos convertiremos en victimarios de la naturaleza y de sus criaturas, denostándolas hasta una obvia desnaturalización? Somos nosotros los que hemos llegado a "producir" estos pobres pollos blancos, ese es nuestro producto: rápido, eficiente, competitivo. Sin embargo, no siempre advertimos que nosotros mismos nos vamos convirtiendo en infelices, como estos desgraciados "blancos pollos".

LECTURA: "Bonsái", por Alejandro Zambra.

Debo confesar que me cuesta concentrarme en este tipo de lectura. A primera vista, no hablan de nada importante, todo parece trivial. Como si lo que buscaran retratar fuera precisamente esa trivialidad de la vida humana. Es la historia de Julio, estudiante de literatura, y de su relación amorosa con Emilia, también estudiante de letras. La relación amorosa se centra, como es habitual en los chilenos, en la relación sexual. Es el ingrediente que atrae y cautiva fácilmente al lector. No existen diálogos profundos, donde se digan cosas importantes. Pero sí resulta original o sugerente esta relación, por tener como principal ingrediente afrodisíaco la lectura misma. Eso le da un contenido supuesto, prestado por los libros que ellos, antes de hacer el amor, leen. 
También es un libro que contiene al menos cuatro planos paralelos: la historia amorosa de Julio y Emilia, el cuento fantástico de un tal Macedonio Fernández (que se convierte en el augurio del término de una relación y adelanta la figura central que finalmente juega el bonsái), la historia amorosa de una novela de un tal Gazmuri (que vaticina la muerte ya anunciada desde un principio de Emilia), y la novela "Bonsái", que el propio Julio escribe, para regalársela a su amiga lesbiana María. También existe en este libro un juego de espejos entre relaciones heterosexuales y fantasías lésbicas: Julio se relaciona con Emilia, quien a la vez fantaséa con su amiga Anita; y más tarde con María, quien se comporta con él como una mujer heterosexual, luego de haber sido una lesbiana declarada.
Me pregunto si la ambigüedad y las relaciones imaginarias que ésta despierta, tendrá realmente el mérito que tantos celebran. 
La idea de "bonsái", por lo que leí en una crítica, se refiere a lo truncada de la relación entre los protagonistas, y a lo truncada de la vida personal de ambos. La de Emilia, finalizada con el suicidio. La de Julio, con el temor de una muerte inminente.

viernes, 23 de marzo de 2012

RELIGIÓN: Libro de la Sabiduría, 2,1a.12-22.

Ellos se dicen entre sí, razonando equivocadamente: "Breve y triste es nuestra vida, no hay remedio cuando el hombre llega a su fin ni se sabe de nadie que haya vuelto del Abismo.
Tendamos trampas al justo, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida.
El se gloría de poseer el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor.
Es un vivo reproche contra nuestra manera de pensar y su sola presencia nos resulta insoportable,
porque lleva una vida distinta de los demás y va por caminos muy diferentes.
Nos considera como algo viciado y se aparta de nuestros caminos como de las inmundicias. El proclama dichosa la suerte final de los justos y se jacta de tener por padre a Dios.
Veamos si sus palabras son verdaderas y comprobemos lo que le pasará al final.
Porque si el justo es hijo de Dios, él lo protegerá y lo librará de las manos de sus enemigos.
Pongámoslo a prueba con ultrajes y tormentos, para conocer su temple y probar su paciencia.
Condenémoslo a una muerte infame, ya que él asegura que Dios lo visitará".
Así razonan ellos, pero se equivocan, porque su malicia los ha enceguecido.
No conocen los secretos de Dios, no esperan retribución por la santidad, ni valoran la recompensa de las almas puras.

viernes, 16 de marzo de 2012

CULTURA: "Los gigantes egoístas", por Cristián Warnken. El Mercurio, 16 de marzo de 2012.

La aberración del mall de Castro, la desmesura de la torre del mall Costanera Center, el mall Barón en el borde costero de Valparaíso, la presuntuosa y disruptiva casa central de una universidad privada frente a la tradicional y arquitectónicamente noble Facultad de Derecho de la U. de Chile, son sólo expresión más visible de un deterioro profundo y talvez menos evidente, pero más medular que una pura "antología nacional de la infamia urbanística".
¿Por qué lo que atenta contra el espacio público y el bien común, lo que puede deteriorar la calidad de vida de los otros logra imponerse con tanta facilidad e impunidad? ¿Y qué es lo público sino lo común, el espacio donde somos con otros?
Hoy nadie se hace responsable de nada. Somos como los mezquinos y patéticos habitantes de los pequeños planetas de "El Principito", concentrados en barrer y limpiar su metro cuadrado.
El empresario que "sueña" una torre o un mall de manera narcisista y egoísta, el arquitecto que proyecta la obra sabiendo en el fondo de su alma que se trata de un horror, los alcaldes que hacen vista gorda de los efectos de estas "intervenciones", el funcionario que firma el permiso de construcción respectivo, el ministro que reacciona tarde, el parlamentario que no fiscaliza a tiempo, cada uno de ellos, en su esfera de acción propia, es responsable de sus actos y omisiones. No es cierto que porque la legislación lo permita, yo pueda desde destruir un entorno patrimonial hasta producir un colapso vial que arruinará la calidad de vida de miles de mis compatriotas, y sentir que lo que hago no es éticamente reprobable porque está legalmente permitido.
Quien culpa al otro, quien delega su propia responsabilidad, quien se "opera" de su propia culpa, quien desplaza, endosa, se encubre en "vacíos legales" es quien ha renunciado a ser sí mismo, a ser hombre cabal, corresponsable del mundo que nos toca vivir y construir día a día. En Chile campea hoy el "síndrome de Pilatos": todos se lavan las manos, nadie siente que su responsabilidad individual sea gravitante en el curso de los acontecimientos. ¿Hay acaso una frase más tristemente nuestra que ésta: "Si no lo hago yo, igual lo va a hacer otro"?
Extraña paradoja la de una sociedad "individualista", que promueve el emprendimiento y dice tener fe en el poder de cada individuo. Somos individuos libres y cabales cuando se trata de iniciar un negocio o de acceder al poder; dejamos de serlo cuando lo que está en juego es el espacio público, nuestra convivencia con los otros. Y en toda sociedad en que se debilita la responsabilidad individual, ética, se abre el espacio para la corrupción, la mentira, la mediocridad, la decadencia espiritual y política. Andrei Tarkovski, profeta del cine ruso, en su libro "Esculpir en el tiempo", alerta sobre el debilitamiento de la responsabilidad individual en Occidente: "Para mí, la única tarea verdaderamente importante consiste en reinstaurar la responsabilidad del hombre con su propio destino (...). El sufrir con la propia alma provoca la responsabilidad y la conciencia de la propia culpabilidad. Entonces ya no se justificará con cualquier excusa la propia desidia y los descuidos, ya no se dirá que uno no es responsable de lo que suceda en el mundo".
Si hay cada vez más empresarios que sólo se miran al espejo todos los días y no ven el rostro de los otros a través de los vidrios polarizados de sus torres inteligentes y babélicas (como el gigante egoísta de O. Wilde), si abundan los arquitectos que olvidaron toda lealtad con su arte y la "polis", si tú -lector- y yo no creemos que se pueda dar testimonio allí donde nos toque actuar, entonces el cinismo y la cobardía devastarán el país más que los terremotos, los incendios y las inundaciones. Y reconstruir desde esa ruina moral sí que será una tarea ardua y talvez imposible.

domingo, 11 de marzo de 2012

EDUCACIÓN: "Censurada la Caperucita Roja", por Ignacio Valente. El Mercurio, 11 de marzo de 2012.

Quién lo diría. La Caperucita Roja es políticamente incorrecta, Hansel y Grettel hacen daño a los corazones infantiles, Blanca Nieves fomenta conductas maldadosas en los niños. De Inglaterra nos llegó la noticia. Hay apoderados y pedagogos que son partidarios de retirar de la circulación los cuentos de los hermanos Grimm, de Perrault, de La Fontaine y quizá de otros próceres de la recopilación o de la creación del mismo género -¿tal vez Saint-Exupéry, Carroll, Wilde, Kipling, Calvino, Lewis?-, porque serían un peligro para la educación de los párvulos, cuya imaginación pueblan con seres despiadados, feas brujas, fagocitación de abuelitas crudas, secuestros: ¡violencia!
Quizá el hecho no pase de ser una anécdota, pero no deja de ser un síntoma del doblez que reina en ciertos sectores de nuestra cultura pedagógica.
El primer argumento contra esa beatería se ha levantado en nombre de la realidad, la del mundo en que ya viven los infantes, harto más despiadado, procaz y cruel que aquellos cuentos: desintegración de la familia, violencia intrafamiliar y escolar, consumismo precoz... Más aún: es en el propio mundo de la entretención infantil donde compite con las lecturas tradicionales -en competencia desleal- esa subrealidad que desfila por las pantallas, pantallitas y demases electrónicos al alcance de criaturas sin número, que se impregnan de violencia, sexo bruto, estupidez, sin que padres y educadores pierdan el sueño. Si el asunto es educar, habría que comenzar la limpieza por esos programas, canales, videojuegos, y no por los textos ya clásicos de la literatura universal.
Habría que filtrar, en seguida, esos abundantes "cuentos para niños" de baja calidad imaginativa y verbal, cuyo presupuesto básico parece ser éste: que los niños son tontos, que se entretienen con cualquier necedad puesta por escrito y expurgada de todo mal, un mundo niñoide y color de rosa. Pero lo que de veras educa y entretiene a un niño, es decir, un buen cuento para niños, es en primer lugar un buen cuento a secas, capaz de ser apreciado por un adulto exigente, y eso en virtud de su misma dialéctica entre el bien y el mal. El peligro no es un cuento que describe el mal, sino un mal cuento.
Los relatos clásicos, leyendas, consejas, fábulas y apólogos del caso vienen avalados por dos cualidades insuperables: su origen remoto -inmemorial- y su raigambre popular. Esas narraciones han sido y son para los niños una incipiente reserva de humanismo, de encantamiento, de magia, hoy más necesaria que nunca como antídoto frente al asalto de una tecnología desoladora que padecemos desde la cuna hasta la tumba: ¡el Nuevo Mundo Feliz! Frente a él se alzan las voces elegíacas de quienes claman por el reencantamiento del mundo. ¿De qué reencantamiento nos hablan, cuando se ha criado a los pequeños en el desencanto de un temprano tecnicismo mecanicista?
Los dragones, hechiceras, monstruos y demonios del género clásico nunca inquietaron a nadie en épocas y culturas de un sentido ético más recio que el nuestro. Al contrario, se sabía que esos barrabases eran altamente educativos, porque -entre otras razones- sin ellos no podía haber tampoco hadas ni héroes. De cara a las tragedias de Sófocles o Esquilo, Aristóteles forjó el concepto de "catarsis": la purificación que sufren las pasiones, las desgracias y los horrores a su paso por la belleza artística, por la imaginación creadora, por el gozo de la contemplación. Es por esta misma transfiguración emotiva y moral que el lobo, la bruja o el dragón -en suma, el mal- hacen bien al corazón del niño y lo educan. En otra parte están los males que lo malean, y de ellos deberían preocuparse los padres y educadores de Inglaterra y de todo el mundo.

viernes, 10 de febrero de 2012

CULTURA: "Daños en el patrimonio", por Antonino Pirozzi. El Mercurio, 9 de febrero de 2012.

Los daños en los monumentos nacionales, como los incendios en los edificios del área patrimonial de Valparaíso, el abandono de otros tantos en todo el país, el rayado y la expoliación de nuestros monumentos públicos no se controlan con más vigilancia policial, como propone el señor García. Se trata de un complejo problema de convivencia y de inclusión. Convivencia con bienes, objetos y formas que representan ciertos valores para la mayoría de los integrantes de la comunidad nacional. Falta de inclusión en la mayoría consciente de su importancia y significado. Por su calidad de bienes cargados de valor, a la mayoría nos importan, o nos debieran importar, y nos preocupamos de su conservación, protección y, cuando es necesario, de su restauración.
Pero, ¿qué pasa cuando miembros de la comunidad no reconocen en estos bienes ningún valor? En estos casos se genera un conflicto, un fenómeno de indiferencia, cuando no de rechazo y de hostilidad hacia esos bienes. Y es que para ellos estos no son ningún "bien", no hacen bien para nada, por lo tanto se pueden rayar, despojar, destruir, demoler, incendiar, o sea se puede prescindir de ellos. ¿Se podría corregir este fenómeno con más vigilancia policial, denuncias y multas? No hay casos en el mundo que así lo hayan demostrado.
No se puede hacer respetar a la gente algo a la fuerza, como no se puede hacer querer algo a la fuerza, bueno, para que el cariño sea real. Y es que no basta con "hacer entender", hay que hacer querer. Entonces queda un único camino, muy conocido, por cierto, largo, costoso. Educación. Pero, como es sabido, "a burro viejo no se le saca trote". La "educación patrimonial" debe comenzar no en la adolescencia ni en la adultez, sino en la infancia. Y de los resultados de esta intervención patrimonial sí hay miles de casos exitosos en todo el mundo.
Alguien ya lo dijo hace tiempo: el problema del patrimonio cultural está íntimamente ligado a la identidad -éste es la prueba testimonial de esa identidad- y la identidad es un problema de conciencia. La educación de los niños orientada al reconocimiento del valor del patrimonio cultural es la herramienta que forma esa conciencia.