jueves, 30 de agosto de 2012

CULTURA: "Decadencia", por Cristián Warnken. El Mercurio, 30 de agosto, 2012.


El país necesita aire nuevo, ideas, líderes, visionarios a quienes admirar. El panorama no puede ser más sorprendente: un país con buenas cifras macroeconómicas, pero sin una política (en el sentido más noble y esencial del término) a la altura de los desafíos. Los economistas más reductivistas, a estas alturas, tendrán que ser humildes y reconocer hidalgamente que no basta con tener buenas cifras para que un país sea viable. Lo mejor de Chile, de su historia, lo que nos da identidad y todavía nos provoca orgullo no nació porque alguien pensó desde una calculadora o un focus group lo que había que hacer. Ningún país se construye sólo desde el pensar calculante ni la pura gestión.

La invención de Chile nace de un espíritu, un impulso genuino, una verdad. Ahí están Andrés Bello, Vicuña Mackenna, Alonso Ovalle, Diego Portales, Lastarria, los hermanos Amunátegui y tantos otros. ¿Qué tienen en común esos fundadores?: el amor que nace del conocimiento de lo propio, y el conocimiento que se sostiene sobre el amor a lo propio. No hay otra fórmula para fundar. Quien crea que para conducir un país sólo basta con consultar los oráculos de las encuestas y mantener a raya la inflación o empinarse sobre ciertos dígitos en crecimiento económico, está profundamente equivocado. Por eso, la peor de las decadencias es la decadencia de las convicciones, de la virtud (y especialmente la virtud republicana), de la coherencia. Y en todos esos dominios sí que podemos hablar de un sostenido y sistemático proceso de decadencia en curso. Ni la convicción ni la virtud ni la coherencia se pueden medir con indicadores matemáticos. Tampoco se pueden adquirir de la noche a la mañana: las convicciones no se improvisan, no se venden ni se compran.

Hace unos días, en un evento al que asistían altas autoridades y empresarios, escuché a alguien decir de pasada: "Es que todos tenemos nuestro precio". ¡Qué frase tan reveladora! La idea de que todos tenemos un precio se ha instalado en nuestro sentido común. Ésa es la música que han venido escuchando desde la cuna las nuevas generaciones en estos años. ¿Cómo quejarnos después de que la desconfianza y la sospecha cundan entre ellos o, lo que es aún peor, el cinismo? Eso sí que a la larga nos va a llevar a la ruina. Y la ruina moral, antesala de la ruina política, puede ser mucho más grave que la ruina económica de un país. Un país puede levantarse de esta última o de una catástrofe natural, si una energía colectiva que nace de visiones y anhelos compartidos despliega lo mejor de cada individuo. Pero de una ruina moral sí que no se "sale" fácil.

Sí, es verdad, las cifras macroeconómicas parecen indicar que Chile está mejor que nunca. Pero el que miles de jóvenes salieran una vez más a las calles, el que sientan que un abismo los separa de la clase dirigente, sumado a la ausencia de liderazgos y la falta de un proyecto consistente y visionario para el Chile de las próximas décadas, no parecen augurar nada bueno en el horizonte.

¿Qué hacer? ¿Sólo basta seguir creciendo? ¿Y hacia adónde? El Muro de Berlín no se cayó sólo por razones económicas o políticas. Se cayó porque la podredumbre interior minó las bases que sostenían sus frágiles ladrillos. Hay que mirar la calidad de las fundaciones sobre las que están parados los países.

Tal vez necesitamos una refundación desde el espíritu y desde las ideas. La primera tarea de los días que vienen es una revolución moral (no moralista) de la política. Gestos y declaraciones que nazcan de una verdad y no de un cálculo. Proyectos y líderes auténticos (no fabricados desde el marketing o desde la inercia de los acontecimientos), que movilicen a nuestros jóvenes con todo su ímpetu y fe detrás de ideas y acciones coherentes con esas ideas. Porque la decadencia comienza cuando ya no hay nadie a quien admirar.


domingo, 19 de agosto de 2012

LECTURA: "El libro aprende a leer", por Juan Villoro. El Mercurio, 19 de agosto, 2012.


Cuando San Agustín vio leer a San Ambrosio fue testigo de una peculiar manera de expresar la devoción: el sorprendente erudito leía en silencio.
Agustín contó la escena en sus Confesiones : "Cuando Ambrosio leía, pasaba la vista sobre las páginas penetrando su alma, en el sentido, sin proferir una palabra ni mover la lengua [...] Yo entiendo que leía de ese modo para conservar la voz [...] En todo caso, el propósito de aquel hombre era bueno".
Durante siglos, la escritura no eliminó la oralidad. Entender la letra significaba pronunciarla. Aunque se tratara de un acto individual, el texto se recitaba; requería de sonido para suceder. San Agustín fue testigo del viraje cultural que se fraguaba en el siglo IV. Después de Gutenberg, los libros impresos facilitarían leer al modo de San Ambrosio.
A partir de entonces la lectura ha representado el vínculo secreto entre dos mentes. De manera significativa, el libro electrónico comienza a alterar esta costumbre. En un artículo publicado en el Wall Street Journal, Alexandra Alter reflexiona sobre las consecuencias de leer descargas en Amazon o Google. Por primera vez, los editores disponen de pistas sobre la forma concreta en que los libros son utilizados. Pueden saber en cuántas horas se lee un texto, cuántas veces se interrumpe, qué otros libros se leen entretanto, qué pasajes se saltan, qué frases llaman la atención y merecen subrayado luminoso.
Los hábitos de los lectores se precisan con tal detalle que se teme una nueva invasión de la privacidad. Al mismo tiempo, esto despierta el interés de los autores. Todos sentimos curiosidad por descubrir el modo en que somos leídos y controlamos con discreción lo que leemos (si un periodista pregunta qué libro tienes en el buró, mencionas La Eneida para no tener que explicar por qué estás leyendo la biografía del Pibe Valderrama).
Gracias a Kindle, es posible detectar no sólo el título de la obra, sino qué pasajes interesan más. Leer una escena erótica ya no es un acto íntimo, sino algo que detecta una máquina, circunstancia típica de una época en que Google Earth supervisa el mundo y convierte al nudismo de azotea en un acto exhibicionista.
No todos los datos que aportan las descargas son novedosos. En los primeros meses de lectura electrónica se ha "descubierto" que los libros de no ficción se leen a saltos y las novelas de principio a fin, que los lectores de ciencia ficción son más veloces y los literarios, más exigentes y proclives a abandonar el libro.
La frase más subrayada pertenece a la novela de moda Los juegos del hambre : "A veces las cosas importantes le suceden a la gente que no está preparada para lidiar con ellas". Bien mirada, la expresión define nuestra extrañeza ante la tecnología.
Una paradoja esencial de los inventos es que recuperan atavismos. La segunda frase más subrayada plantea una situación que muchos juzgarían superada. Se trata del comienzo de Orgullo y prejuicio , de Jane Austen: "Es una verdad universalmente aceptada que un hombre soltero en posesión de una buena fortuna deba estar en busca de una esposa". La ilusión de mezclar el dinero con el matrimonio no sólo tiene vigencia en las telenovelas.
Los libros electrónicos leen a sus lectores. Aún es difícil detectar reacciones psicológicas o estéticas, pero no sería raro que en el futuro también se midiera el impacto emocional de un personaje o una metáfora. ¿Llegaremos a la satisfacción vicaria de sentir que un libro nos lee mejor que otro?
Por el momento ya hay libros interactivos. En ciertas novelas policiacas es posible descartar culpables para contribuir al desenlace y en novelas románticas se puede escoger al novio de la protagonista.
De acuerdo con Italo Calvino, el libro es la única parte de la casa donde podemos estar a solas. Esto comienza a cambiar. ¿Comprometeremos la sinceridad de nuestras reacciones al saber que dejan huella o admitiremos la lectura como una práctica semipública? El hábito de leer no se modificaba tanto desde el siglo IV.
La asombrosa introspección que San Agustín observó en San Ambrosio perdura en los libros impresos. El e-book pertenece a una comunidad. Dejamos un rastro luminoso que puede tener testigos. Mientras leemos, alguien lejano nos descifra.

sábado, 11 de agosto de 2012

CULTURA: "¡Qué espectáculo!", por Cristián Warnken. El Mercurio, 2 de agosto de 2012.


En mi casa casi nunca nos reunimos en familia a ver televisión juntos. Porque ya no hay prácticamente nada que merezca ser visto en la "caja chica" y porque nuestra sala de juegos es una multisala de espectáculos que genera mejores contenidos que los que ofrece la industria televisiva. Es frecuente tropezarse en los pasillos, o en pleno living, con un caballero medieval, un dragón y una princesa: por eso las niñas son recibidas con tanta algarabía, porque siempre les falta a mis cuatro hijos hombres ese vital personaje para completar sus improvisadas historias de aventuras. También se dibuja mucho: Mateo Matta (así lo llamamos) tiene cinco años y no para de llenar hojas y hojas con monstruos, héroes y animales que danzan en una interminable fiesta de colores y trazos. Alonso, de 10, es el guionista y talentoso actor principal de breves películas que grabamos en mi cámara y que todos piden ver una y otra vez. Porque no hay nada más excitante que ser uno su propio Hollywood. Cristóbal, de tres, es el bailarín del grupo; ofrece sus coreografías cuando alguien pone música y puede bailar desde Mozart hasta un estridente reggaeton. Los niños nacen danzando, son puro éxtasis; después los pasmamos. Ah, y se me olvidaba Samuel, de un año y un poco más. Él es el campeón de lucha libre, porque en una casa de hombres no pueden faltar los "Titanes del ring".
Como verán, con ese carnaval permanente la televisión sobra, y todavía los iPhone, iPad y todos los " i " no nos han "levantado" a nuestros eximios actores, pintores y bailarines para llevárselos lejos de aquí. Ya llegará ese día, por ahora disfruto la cartelera diaria que nos autoofrecemos todos los días, esta ópera espontánea y gratis, y en vivo y directo. Mientras dure. Yo y mis niños fuimos formados en la gran escuela de Themo Lobos, que nos enseñó que la vida es una aventura abierta y no un guión del cual somos sólo los extras. Una aventura de la que somos protagonistas, como el niño Mampato, que desde su hogar de clase media chilena viajó a través del tiempo y el espacio.
Por eso fue raro ver hace unos días a mi troupe, a todos los miembros de mi circo familiar sentados, silenciosos, embobados frente a la pantalla de televisión, como nunca antes. Se inauguraban los Juegos Olímpicos en Londres, y el espectáculo por primera vez estaba afuera, lejos de aquí, y no en casa. No era un reality show , ni un programa de farándula, ni un concurso de talentos. Era una fiesta desencadenada por una cita del poeta Willian Blake, una escena de una obra de Shakespeare, un verso de Milton, un desfile carnavalesco de personajes de la inmortal literatura, cine y música ingleses. Hasta la Reina actuaba. La gran literatura y el teatro estaban entrelazados con los íconos de la cultura pop en un prodigioso montaje, en un ritual multimediático en que el espíritu deportivo y el poético se tocaban, como en la antigua Grecia. Ahí estaba el milagro: un espectáculo de la más alta excelencia y finura congregaba a millones en torno a todo aquello que nuestros expertos en televisión dicen que la "masa" no quiere ver. ¿O no era ese un espectáculo en el sentido más genuino y noble del término? ¿Qué es lo que hace que un país desarrollado, moderno como Inglaterra apueste por lo más excelso de su historia cultural -partiendo por sus poetas- y nos lo ofrezca con orgullo y alegría? ¿No fue acaso esa transmisión un mentís a los que dicen que la televisión ya no debe ser educativa? Si nos gusta tanto copiar lo de afuera, ¿por qué copiamos sólo la chatarra y las alcantarillas, y no la poesía, la verdad y la belleza? ¿Qué espectáculo estamos dando de nosotros mismos? Cuando se acaben las Olimpíadas se apagará otra vez la televisión en mi casa, porque mis guionistas, actores, músicos y bailarines tienen mucho trabajo que hacer si queremos algún día ser sede de un Juego Olímpico o algo que se le parezca.

CULTURA: "Crisis de sentido", por Gastón Soublette. Carta a El Mercurio, 2 de agosto de 2012.


Recientemente en un reportaje al último libro del historiador inglés Niall Ferguson (Artes y Letras, 15 de julio), se formuló la consabida pregunta de cómo será el mundo en el año 2050, a la que es de costumbre responder en términos de macroeconomía: EE.UU. dejará de ser la primera potencia cediendo su lugar a China e India.
A estas alturas de la historia ese tipo de respuesta deja de evidencia una superficialidad abismante y un gran vacío. Ese vacío no es otro, sino el hombre mismo. La pregunta es sobre el destino de la humanidad, pero la respuesta carece de contenido humano... El hombre como accesorio del entramado monetario mundial.
La pregunta correcta es: ¿Cómo serán los hombres en 2050 si ya en 2012 son como es de público conocimiento? Formulada así, el intento de responderla se vuelve problemático e inquietante a juzgar por lo que se ve a diario. Entonces, para ver el mundo real en que vivimos urge desechar el criterio mercantilista de los que nada saben sobre el hombre y prevén el futuro de la humanidad solo con la lógica de los negocios.
Por eso resulta significativa la aparición simultánea de dos testimonios personales contrastantes en su edición del 21 de julio. Uno de César Pelli, diseñador de la torre del Costanera Center, y otro de Cristián Warnken. Pelli, un hombre identificado con este modelo de civilización financiero-tecnológica, sin más motivaciones que el imperativo fáctico de realizar su proyecto "contra el cielo" como él lo ha dicho, sin plantearse la pregunta por el sentido.
Warnken, un pensador que se da cuenta de que allá afuera nada está ocurriendo que contribuya a que los hombres sean humanamente mejores, sino al contrario, mientras más "adelantado" se muestra el mundo de los poderosos, más alejados de nuestro centro espiritual y alienados nos hallamos. Por eso nuestra esperanza se afirma en el hecho de que cada día que pasa son más numerosos los que despiertan como Cristián Warnken y se sitúan en su centro interior para no perder su identidad humana en la masa inconsciente, y sacar lo mejor de sí mismos.
César Pelli declara que su torre es la más alta de Latinoamérica y que por eso deberíamos estar orgullosos ¿Por eso...? Más orgulloso estoy yo de haber podido darme cuenta de que nada hay ahí para enorgullecerme.

viernes, 20 de julio de 2012

CULTURA: "Cuento chino", por Cristián Warnken. Columna del 19 de julio, 2012.


En 1929, Rainer Maria Rilke dijo: "Para nuestros abuelos, una torre familiar, una morada, una fuente, hasta su propia vestimenta, su manto, eran aún infinitamente más familiares; cada cosa era un arca en la cual hallaban lo humano y agregaban su ahorro de humano. He aquí que hacia nosotros se precipitan, llegadas de EE.UU., cosas vacías, indiferentes, apariencias de cosas, trampas de vida... Una morada en la acepción americana, una manzana americana, o una viña americana, nada tienen de común con la morada, el fruto, el racimo en los cuales había penetrado la esperanza y la meditación de nuestros abuelos... Las cosas dotadas de vida, las cosas vividas, las cosas admitidas en nuestra confianza, están en su declinación y ya no pueden ser reemplazadas. Somos tal vez los últimos que conocieron tales cosas".
En este 2012, sólo me cabe citarla íntegramente, porque es de una actualidad pasmosa. El texto sólo admite una actualización: en vez de "esas cosas que se precipitan llegadas de EE.UU.", habría que decir hoy "esas cosas que nos inundan desde China". Porque desde allí nos están llegando hoy las cosas, desde fábricas donde la alienación y explotación descritas por Marx en el siglo XIX han sido ampliamente superadas por las prácticas de un hipercapitalismo trepidante administrado, además, por un Partido Comunista cuya fuente teórica es ¡el mismo Marx!
Y ahí estamos: aprendiendo chino u ofreciendo cursos de español para chinos, haciendo negocios en China (aunque en realidad son siempre los chinos los que hacen negocios con nosotros), creyendo que les vendemos nuestro cobre cuando en realidad ellos son los que nos compran el cobre. En el horizonte se avizora la primera conquista y colonización a nivel mundial que se hará sin sangre, sólo con paciencia, un saber estratégico y táctico refinado acumulado por milenios y mano de obra muy barata.
Cuando eso suceda nuestros hijos ya habrán olvidado el sabor de un pan cocido en un horno de barro, o el de los tomates cosechados en la mata, y el sonido de los trenes que parten bajo la lluvia. Ésas serán sólo imágenes de poetas nostálgicos y despreciados, tan despreciados como lo fueron en su tiempo algunos magníficos poetas chinos expulsados de la corte por emperadores implacables.
Mientras tanto, el país de norte a sur se llena de malls, ¡nuestro único aporte arquitectónico "original" de estas décadas! Cuando en miles de años más los arqueólogos del futuro excaven entre nuestras ruinas, se devanarán los sesos para resolver este enigma: ¿por qué estos chilenos construyeron tantos de estos templos copiados de Norteamérica, y cuál era su dios al que veneraban con tanta devoción al interior de ellos? ¿O era acaso un dios chino? ¿Cómo un pueblo cuyos antepasados fueron los resistentes mapuches abdicó así de su identidad e historia?
Nos arremolinamos, como multitudes desesperadas, a las puertas de los templos del "sagrado consumo", buscando las cosas desechables y sin identidad ni origen, venidas de una misma y única hiperfábrica mundial. Vagamos entre vitrinas abarrotadas de vacío, creyendo que poseemos algo, pero en realidad al final del día no nos quedamos con nada propio, sólo con una inmensa deuda y el olvido absoluto del ser.
Trato de ser fiel a algunos objetos, como lo era mi padre: a mi abrigo, a mis zapatos, a una vieja lámpara de escritorio heredada. Todas esas cosas me dicen algo, me comunican con mis antepasados que se fueron. Pero las cosas que compro y uso me son cada vez más infieles, más ingratas, más ajenas.
¿Por qué, entonces, estamos tan felices con estas "apariencias de cosas", con esas "trampas de vida", como las llamaba Rilke? ¿Por qué compramos y compramos con tanta desesperación como si se fuera a acabar el mundo? Tal vez porque el mundo ya se acabó, nuestro mundo se acabó, y nosotros somos sólo los fantasmas que deambulan en un cementerio de cosas que nacieron muertas.

sábado, 16 de junio de 2012

BELLEZA: Rutina de belleza de Jennifer Aniston (Fuente Yahoo)


Jennifer Aniston siempre ha sido un modelo de belleza. De hecho, los diversos estilos de cabello con los que apareció en las 10 temporadas de "Friends" eran la aspiración de muchas mujeres, que acudían a las peluquerías con una fotografía suya y pedían exactamente el mismo corte.

Ocho años ya han pasado desde que terminó la exitosa serie y la actriz continúa llamando la atención por su apariencia. A sus 43 años -los cumplió en febrero- muchas se preguntarán cómo logra mantener la juventud en su rostro sin haber recurrido nunca a la cirugía. La revista británica "Now" dio con su secreto: una estricta rutina de belleza.

Según señaló al medio una fuente cercana a Aniston, ella no ha pensado en ingresar al quirófano porque no quiere verse "estirada". Por esta razón, todas las noches dedica 30 minutos de su tiempo para prevenir la aparición de las arrugas. ¿Quieres saber qué hace la actriz durante esa media hora?

De acuerdo a la fuente contactada por "Now", el primer paso de la rutina de belleza de Aniston consiste en dilatar los poros con la ayuda de vapor, el cual lo aplica por 10 minutos. Posteriormente, la actriz lava su rostro con un jabón suave y utiliza un tonificador, para luego hidratarlo con una loción de la línea Cetaphil del Laboratorio Galderma.

"Después ella pasa otros 10 minutos dándose un masaje facial para estimular a las células de la piel y ayudar a tonificar los músculos", describió la fuente.

A continuación, la intérprete de Rachel Green en "Friends" se aplica un tratamiento de vitamina A de Anna Lotan -un laboratorio de bio-estética que elabora productos profesionales exclusivos y funcionales del cuidado de la piel- y se lo deja por otros 10 minutos. Mientras tanto, la actriz abre cápsulas de vitamina E, y las esparce por sus mejillas y codos.

Para terminar, Aniston se aplica una crema restauradora de la línea Dr. LeWinn de Kinerase y luego un "milagroso" producto cuyo costo no supera los mil pesos: vaselina. Según la fuente de "Now", ella se pone un cuarto de cucharadita debajo de cada ojo.

"Jennifer es muy disciplinada cuando se trata de mantenerse joven", aseguró la fuente, la cual añadió que la rutina de belleza de la actriz está completa recién a la mañana siguiente, cuando llena el lavamanos con agua y cubos de hielo, y sumerge su rostro. El objetivo de esta práctica es achicar los poros y reducir la hinchazón alrededor de sus ojos.

¿Quieres ser como ella?

Si quedaste entusiasmada con la rutina de belleza de Jennifer Aniston, la buena noticia para ti es que puedes realizarla casi igual a como lo hace ella. En primer lugar, en el mercado existen saunas faciales caseros de diversas marcas, los cuales tienen un adaptador para apoyar el rostro y recibir el vapor que abre los poros. Si no quieres gastar dinero en uno, también tienes la alternativa de llenar un recipiente con agua hirviendo, cubrir tu cabeza con una toalla y acercar tu rostro a él. Para hacerlo más grato, puedes agregar al agua hierbas o aceites esenciales.

José Hono, presidente de la Sociedad Chilena de Dermatología, confirma que el vapor es una herramienta efectiva para dilatar los poros y así poder realizar una limpieza más profunda. Respecto a si es conveniente utilizarlo en forma diaria, el especialista señala que "depende fundamentalmente de cuánto es el grado de producción de impurezas que tenga la persona, pero no es perjudicial".

En tanto, la línea Cetaphil del Laboratorio Galderma está disponible en Chile y se vende en las principales farmacias del país. Se trata de productos que generalmente se utilizan para tratamientos dermatológicos, por lo que no necesariamente son baratos. Asimismo, es conveniente que consultes con un especialista cuál es el más adecuado para ti según tu tipo de piel.

Por su parte, los productos de Anna Lotan y la línea Dr. LeWinn de Kinerase son bastante exclusivos, y no se venden en Chile. Los primeros se pueden encontrar en casi todos los países de Europa, Asia y Oceanía, además de Estados Unidos; mientras que los segundos sólo en Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Irlanda, Estados Unidos y China.

La vaselina, el "milagroso" producto que utiliza la actriz, es un ungüento de uso común y se encuentra en cualquier farmacia a muy bajo precio. Sin embargo, según señala el doctor Hono, no existe evidencia de que funcione en la prevención de las arrugas. "La vaselina tiene un efecto fundamentalmente lubricante (...) En realidad no se absorbe, sino que sólo genera una capa grasa encima de la piel", explica.

Por esta razón, el especialista advierte que quienes tienen tendencia a la piel grasa o al acné deben ser precavidos en su uso, ya que "les va a aumentar el taponamiento de los folículos y de las lesiones acnéicas".

Por último, el dermatólogo señala que la aplicación de agua fría también es efectiva para deshinchar el rostro, pero alerta a las personas que sufren de rosácea. "Si una persona tiene rosácea, de la vasocontricción inicial por el frío, va a pasar a una vasodilatación muy importante después, que le va a poner la cara muy roja y más hinchada. Entonces, no es llegar y hacerlo", aconseja.

domingo, 27 de mayo de 2012

CULTURA: "Patrimonio intangible", por Alejandra Valdés. El Mercurio, 27 de mayo de 2012.


"Los hombres pasan, los recuerdos quedan, pero las obras y las formas en que los hombres hacen las cosas permanecen y perpetúan sus recuerdos".
Esta frase de despedida, escuchada en el entierro de un amigo, hacía claramente referencia al patrimonio físico y espiritual que dejaba en herencia a sus descendientes. Hombre de principios y de obras, aportaba al futuro de su familia un ejemplo valioso de vida y una sólida posición sobre la cual seguir incrementando su legado.
Sin embargo, pensé, qué precaria es la relación que se establece entre las obras, los hombres y su recuerdo; qué pocos ejemplos buenos perduran como para volverse tradición y qué poca relación se establece entre el legado y los hombres que lo construyeron.
Pensé, entonces, efectivamente los hombres y las civilizaciones pasan, los recuerdos se olvidan pronto y las obras, sus formas de hacerlas y el cómo se llegó a éstas, pierde rápido la relación con sus creadores cuando no quedan herederos capaces de transformar esa herencia en un patrimonio perdurable, cuando nadie se ocupa de conservarlas y transmitirlas como un legado que contribuya a alimentar los espíritus y nos ayude a ser mejores.
La herencia pierde entonces ese sentido de patrimonio inmaterial "que no es sólo sede de la cultura de ayer, sino laboratorio donde se inventa el mañana", citando a Koichiro Matsuura, quien fue director de la Unesco.
Afortunadamente, Chile ha tomado conciencia de legado y patrimonio; ha entendido la importancia como nación de conservar las obras y mantener el recuerdo de los hombres que las construyeron.
El Día Nacional del Patrimonio da fe de ello. La propuesta de crear un Ministerio de Cultura y Patrimonio, también.
Queda ahora nuestra participación. Todo aquello que podamos hacer, individualmente o en conjunto, por mantener y acrecentar el patrimonio inmaterial y trabajar por la educación de las generaciones venideras. Por impulsar instancias que promuevan cambios en torno a nuestras raíces y a nuestras tradiciones, que enriquezcan la formación integral de los alumnos, que amplíen sus competencias personales y les permitan enfrentar con creatividad y conocimientos los desafíos del siglo XXI.