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jueves, 11 de agosto de 2011

TECNOLOGÍA: "Cómo internet está cambiando nuestra manera de pensar", por Sebastián Urbina. El Mercurio, 11 de agosto de 2011.

Es una de las actividades que quizás se está haciendo más rutinaria en la sociedad actual. Pero el escritor estadounidense Nicholas Carr cree que cuando alguien navega por internet, la realidad es que queda atrapado en un remolino de información que, a lo largo de una cadena enorme de links, arrastra al usuario -apelando a su curiosidad- a una interminable búsqueda que le hace perder el tiempo y le impide profundizar en el tema que le interesa.
El límite entre una internet que soluciona nuestras dudas con un simple clic en el mouse y otra que fomenta el picoteo rápido y distraído de pequeños fragmentos de información sacados de múltiples fuentes, no es claro para Carr, aunque para él la red tiende a favorecer la segunda alternativa. Así lo plantea en su libro "¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?", best seller de The New York Times, finalista del premio Pulitzer 2011 y que ya se vende en Chile.
Y aunque la polémica hipótesis de Carr cuenta con muy buenos argumentos, no todos la comparten. Los especialistas tienden a la moderación del "ni tanto, ni tan poco", y apuestan por informar y educar a las personas para hacer un mejor uso de la red.
Como el embarazo
"Quienes la usan bien, le pueden sacar gran provecho a internet, tanto en amplitud como en profundidad de la mirada", dice el psicólogo Max Möller, del Centro Terapéutico Cetep. En su opinión, esta tecnología ha reducido la capacidad de concentración de los más jóvenes, lo que los lleva a aburrirse y no leer. Pero también es un convencido de que eso se puede educar.
"Creo que lo mejor es informar de lo que sucede con internet", dice la neuróloga María Isabel Behrens, jefa de la Unidad de Trastornos Cognitivos de Clínica Alemana. Para ella las cosas dependen del contexto en que se dan: "A lo mejor cuando se publicaron los primeros libros hubo una discusión sobre que los niños se dedicaban a leer y no salían a jugar o a cazar".
En opinión de Behrens, hay cosas que no cambian. Hoy puede haber un acceso muy fácil a la información, pero las ideas y conceptos nuevos tienen su velocidad propia. "Es como el embarazo, que sigue durando nueve meses a pesar de los grandes progresos de la medicina. Uno puede decir que gracias a internet hay un aumento en el número de documentos y publicaciones, pero no sé si ha mejorado la calidad del contenido", advierte.
En el caso de los jóvenes, según Möller, al estar en una etapa de búsqueda de su identidad, su interés por ser parte de un grupo y acercarse a sus pares, los lleva a abusar de esta tecnología (ver recuadro).
Por eso, limitar el tiempo de uso de la red es una medida necesaria para que los adolescentes socialicen en persona con su familia y sus pares. "Al envejecer uno se hace más selectivo y maneja estas tecnologías a gusto. Por ejemplo, desconectar el teléfono", concluye Behrens.

El riesgo de adicción
Para el psicólogo Max Möller, la adicción a internet involucra el comportamiento de la persona y es tan grave como las drogas. "En Corea este problema se les ha disparado", dice. Por esto ahora existen talleres de prevención escolar, donde se realizan diferentes actividades y los profesores son los encargados de detectar los casos más graves. En EE.UU., en tanto, existen residencias campestres donde se estimula el contacto con la naturaleza, con excursiones y trabajando la tierra.

TECNOLOGÍA: "Vivir conectados a internet, mail y redes sociales está cambiando nuestro cerebro". El Mercurio, 12 de junio de 2010.

Estudios revelan habilidades que hemos ganado y otras que están en retirada:

Investigaciones muestran que el constante estímulo que recibimos desde dispositivos en línea y aparatos digitales tiene un impacto a nivel cognitivo.
Paula Leighton N. Suena el despertador y Carlos Verdugo (37, publicista), retoma la vida en línea. "Lo último que hago al acostarme es ver el mail, Twitter o Facebook, y al despertar vuelvo a revisarlos en el iPhone", cuenta.

Entre su casa y la oficina, Carlos suma cuatro computadores, tiene un blog, 1.209 amigos en Facebook, cerca de 1.100 seguidores en Twitter, una cuenta en Flickr, canal en YouTube, una cuenta en Foursquare y otras tantas en redes, cuyo nombre aun conoce sólo un puñado de personas. La hiperconectividad es lo suyo. Se define como un "early adopter". Su primer correo electrónico data de 1996, "cuando había que llamar por teléfono a la persona para avisarle que le habías mandado un mail", recuerda.

Su hija Camila (14) sigue sus pasos, y su hijo Carlitos, de 1 año 3 meses, ya es capaz de desbloquear el iPhone y poner música. "Sólo mi señora es 1.0", ríe.

Carlos y su familia podrían ser la sinopsis de un nivel de hiperconexión que está a la vuelta de la esquina.

El impacto -positivo y negativo- de estar siempre en línea no sólo se está reflejando en las relaciones interpersonales y laborales. También el cerebro acusa cambios.

"Las tecnologías que usamos para encontrar, almacenar y compartir información pueden, literalmente, reenrutar nuestras vías neuronales", resume Nicholas Carr, experto estadounidense en las implicancias sociales y económicas de la tecnología, quien acaba de publicar "The shallows", un libro donde analiza "lo que internet le está haciendo a nuestro cerebro".

Según Carr, mientras en la era del libro impreso el cerebro humano se adaptó para focalizar la atención, promoviendo el pensamiento profundo y creativo, la era de internet nos ha acostumbrado a digerir sólo pequeños fragmentos de información.

"Nos estamos volviendo más adeptos a procesar información superficial y rápidamente, y estamos perdiendo nuestra capacidad de concentración, contemplación y reflexión", alerta.

Las consecuencias son variadas. En el trabajo, un usuario estándar de computadores cambia de ventana o revisa su email casi 37 veces por hora. Una hiperactividad que se traspasa a otros planos. "Las personas multitareas no pueden apagar esta tendencia cuando no están haciendo múltiples tareas", dijo a The New York Times Clifford Nass, quien ha investigado el fenómeno en la Universidad de Stanford. El resultado: una distracción permanente.

Un estudio del University College of London difundido en febrero comparó a adultos y adolescentes que buscaban información en internet. Para contestar, los jóvenes de 12 a 18 años recurrieron a la mitad de las páginas web que los adultos y dedicaron una sexta parte del tiempo que éstos. Una ventaja cuestionable, considerando que sus respuestas resultaron más incompletas. "Los adolescentes están perdiendo la capacidad de leer y escribir textos largos", fue una de las conclusiones del estudio, dirigido por el profesor David Nicholas.

Recableando el cerebro

Para Carlos no es raro. "Cuando se inventó la imprenta aparecieron las críticas porque se iba a acabar la tradición oral que transmitían los juglares. Y así ocurrió, pero evolucionamos. Ahora la gente lee menos o lee distinto, pero obtiene otras cosas que antes no tenía".

¿Será que a futuro no podremos leer de corrido un capítulo de un libro? En realidad no. "La plasticidad del cerebro permite que se modifique de acuerdo a las circunstancias que nos toca vivir", dice el doctor Francisco Aboitiz, jefe del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva de la U. Católica. Recuperar la capacidad de concentración es cosa de práctica. La hiperconexión, en tanto, nos aportará otras habilidades, dice.

"Llegaremos a tener una capacidad muy grande para hacer rápidos cambios atencionales y cognitivos frente a diversos estímulos; vamos a procesar la información más rápido, aunque tal vez nos volvamos menos perseverantes. Pero así es a medida que la historia evoluciona. Siempre nos vamos adaptando", concluye Aboitiz.

16,7 millonesde celulares existen en Chile. Prácticamente uno por persona.6,2 millonesde usuarios chilenos registraba Facebook en abril de 2010. La mayor penetración en la región (37,2%)2 millonesde conexiones a internet tiene el país según la Subtel. Esto equivale a 40% de los hogares. 500 mileran los abonados a internet móvil en febrero pasado.

Efectos

Imágenes cerebrales muestran que los usuarios de internet son más eficientes buscando información y que ciertos videojuegos desarrollan la agudeza visual.